sábado, 8 de febrero de 2014

EL PRIMER CENTRO COMERCIAL, 1635

EL PRIMER CENTRO COMERCIAL DE LA CIUDAD LO HACE MARIPEREZ EN 1635
La solterona "doncella" María Pérez era una mujer rica desde su niñez, por sus padres difuntos, quienes le habían dejado cuantiosos bienes de fortuna. Era sobrina de los hermanos María y Martín de Zabala, quienes la habían criado en su orfandad, ricos vecinos habitando la esquina de Carmelitas suroeste, donde hoy se halla el Correo de Carmelitas. Doña María Pérez Hereda los bienes y fortuna de María de Zabala, que muere al año siguiente, sin sucesión. 

En 1618 María Pérez se quejaba que su capital patrimonial heredado de sus padres difuntos -y puesto a préstamo- era casi incobrable, y caían en pleitos, "... por cuanto las personas con que los trato, y que me deben los dichos réditos, los más de ellos son regidores y deudos de regidores, personas favorecidas y de tal manera que no puedo ... ni menos cobrar lo que se me debe ..." 

María Pérez muere en el terremoto de San Bernabé de 1641. Unas tierras suyas dieron nombre al sitio caraqueño de Maripérez. José Antonio Calcaño, sin ofrecer la fuente, afirma que Maripérez para el momento de su muerte poseía "una hermosa casa frente al convento de San Jacinto ...". Es posible que se tratara de la casa de los Gámez, calle en medio al norte de San Jacinto, hipotecada a ella, quizás.
Agrega Calcaño: "El rostro de Maripérez fue conservado para la posteridad, junto con el de fray Mauro, por aquel pobre pintor de brocha gorda de aquellos tiempos, el gallego Mauricio Robes, quien, cuando no estaba dando lechada o azulín a algún muro, gustaba de ponerse a pintar cuadros, bastante feos al decir de la gente, los cuales vendía luego. Se sabe que pintó una Huída a Egipto, una Oración en el Huerto y un retablo del Martirio de San Esteban, que años mas tarde se colgó de los muros de la catedral y en cuyo fondo se veía al obispo Tovar dando la bendición con la custodia, en compañía de Maripérez."
Encargada y custodia fue Mari Pérez de las joyas y mantos de las imágenes de la Virgen del Rosario de San Jacinto y de Nuestra Sra. de la Candelaria, en la catedral. Era dueña del solar de Carmelitas sureste, calle en medio del de sus tíos los Zabala, el cual hacia 1635 permanecía "calmo y yermo". Maripérez decidió darle utilidad a este solar. En un concierto para construir tiendas en el solar de doña María Pérez, don Felipe Martínez de Villegas acuerda:
"...con María Pérez ... doncella residente en esta dicha ciudad ... que ambos están convenidos y contentados en tal manera que el dicho don Felipe Martínez se obliga de labrar y edificar a la susodicha, y en un solar que tiene, haciendo esquina con casas y solar de los herederos de Gaspar de Silva y de Pedro de Amaya Bastidas y casas de Martín de Zabala, lindes calle real en medio, quatro tiendas de veinte tercias de largo cada una, y diez y ocho de ancho, de tapia en medio; por la calle, de cuatro tapias, y por en medio, de seis de alto; y los corredores de diez y seis pies de ancho; y los pilares que fueren necesarios conforme la obra y distribución de las dichas tiendas y aposentos del corredor, que han de ser de tapias, todo de ladrillo y medio; con las rafas necesarias de ladrillo, piedra y cal, con sus sardineles de ladrillo en el corredor; para lo cual, ha de abrir los cimientos del fondo y ancho necesario, conforme la obra, a arbitrio del albañil, haciendo la tierra y poniendo la piedra, ladrillo y cal necesaria; la cual tierra se ha de hacer del mismo solar, poniendo la caña, teja y ladrillos que fuera menester y lo demás hasta cubrir la dicha obra, la cual no ha de ir encalada, ni enladrillada.
Y la dicha María Pérez ha de poner para ella la madera, clavazón, puertas y ventanas, y pagar albañil y carpintero, y cercar y dividir los patios a su costa, dando los peones necesarios para la obra de carpintería y albañilería que hubieren menester los maestros; que todo lo demás arriba declarado queda a cargo del dicho don Felipe Martínez de Villegas, el cual le hace la dicha obra por precio y quantía de 850 pesos de a 8 reales ..."

Hizo pues, al parecer, el primer centro comercial registrado de Caracas, definitivamente.

Tomado de nuestro Facebook

HERREROS DE CARACAS


Los herreros y cerrajeros en Caracas, oficios muy apreciados, estuvieron presentes en la ciudad desde su fundación. El herrero hacía las balas de los cañones, arcabuces y mosquetes, los estribos y riendas de las bestias mulares y caballos, las puntas de lanzas. En la vida civil hacía bisagras, clavos, y aldabas para las casas, rezones de arados, tacices, machetes y calabozos para la agricultura.
Entre los herreros más antiguos de Santiago de León era uno Melchor Hernández, quizás el mismo que figura en la lista de conquistadores de Caracas de Oviedo y Baños. Si es así probablemente no quedó vecino de la ciudad en los primeros años: En 1571 un Melchor Hernández "casado con hija de Manuel de Mederos" se registra vecino de El Tocuyo. En 1574 también en El Tocuyo moraba un Melchor Hernández, herrero. 
Nace hacia 1548. Casó con María Mayor. Tuvo al menos 4 hijos. Se dice que aun vivía en 1616.Su solar se ubicaba colindante al sur del templo de San Francisco, en Pajaritos noroeste, el cual había intercambiado con Francisco de Carvajal, que quedó con el suyo inicial ubicado en la esquina de Muñoz sureste. En 1608 declaraba como testigo haber conocido mucho a Francisco de Madrid, conquistador de Caracas, y haber participado con él en algunas entradas.
En un poder que otorga Melchora Luisa Hernández en 1613 declara: "... casas y medio solar que yo, la dicha Melchora Luisa, tengo en compañía del dicho Melchor Hernández, mi padre; que la dicha casa está cubierta de tejas y con todo lo demás que en ella se ha edificado que le pertenece; que linda de la una parte con solar de Antonio Ortiz y por detrás con solar de Hernando Bermudo de Villacreces, y por otra parte con solar del convento de San Francisco".
El capitán Sebastián Díaz de Alfaro, célebre fundador de San Sebastián de los Reyes en 1585 -y vecino con solar en la plaza mayor de Santiago de León, en la esquina de Monjas noroeste donde actualmente está el edificio La Francia-, declaraba en 1600 tener en su solar una fragua y herrería en una parte de su casa. Otra herrería funcionaba en la esquina de Traposos sureste, propiedad del flamenco Pedro Blanco Geraerdts, vecino casado con Beatriz de Ponte y otra  más en la esquina de Muñoz noreste, de Alonso Rodríguez Santos.
En 1607 se obliga un Melchor González, "oficial de herrero", a pagar al cabildo, que se lo ha otorgado con pensión "un solar que tiene ... que linda con solar de Francisco de Medina, por detrás, hacia la quebrada que llaman Catuche ... en 11 reales cada un año ..."
En Traposos noroeste (el solar de la Casa Natal del Libertador), vivió unos años otro herrero, Juan Muñoz, que muere antes de 1623. La mujer de Juan Muñoz, Isabel Díaz era quizás hermana de Francisco Díaz de Aguirre, cerrajero, casado con Ana Quintero quien vivía en el medio solar colindante con Cristóbal de Soto al norte, en San Jacinto suroeste.
A Muñoz se le menciona como testigo en un matrimonio en 1596, en un convenio para adiestrar un esclavo de Garci González de Silva en 1597, en otro similar en 1598 con Juan Martínez de Videla y ese mismo año otro convenio similar con Melchor de Castro, y como herrero en la Lista de Derrama de 1602, así como en escribanías de 1604. En 1599 le pagan los oficiales reales 148 reales en perlas, por la hechura de 37 balas, a 4 reales cada una, "para la artillería del puerto de La Guaira desta ciudad ...". Pudo ser el herrero de la fragua de Sebastián Díaz de Alfaro, pues este apadrina su hijo Antonio en 1601.

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1640 LA REAL PROVISIÓN DE AGUA AL DEÁN DESCOTO

Real Provisión del Agua solicitada al rey en 1640, a favor del deán de la catedral de Caracas, don Bartolomé de Escoto, en la que su procurador, Bartolomé de Castro Aguiar, pedía se emitiese a favor del deán otra igual a una provisión real dada previamente a la iglesia Catedral. El esquema anexo muestra, según nuestras investigaciones, el recorrido de la acequia desde su entrada a las cuadras viniendo de la caja de agua, y los vecinos y solares por donde pasaba, para la fecha. 
Pedía el  procurador:
"... digo que Vuestra Alteza fue servido de despacharme su Real Provisión, a pedimento del dean, cabildo y prebendados de la dicha iglesia para que dexaren libremente -los vecinos anteriores con viviendas- correr la acequia del agua que pasa por sus casas, para que gozase de ella la dicha iglesia de ordinario para sus fábricas, y los capitulares sucesivos para sus casas, sin que la detuviesen, ni divertiesen, maliciosamente. 
Y es así que el dicho mi parte tiene su casa y vivienda en diferente calle, por donde corre así mismo otra acequia de agua, diferente que la contenida en la dicha Real Provisión; y los vecinos anteriores a la casa de mi parte, que son: María Cobos, Juan Sánchez Borrego, Agustín Gutiérrez de Lugo, Juan de Torres Maldonado, Luis de Ledesma, Melchor de la Riva, Domingo de Liendo y Pedro de Liendo detienen el agua de la dicha acequia en las dichas sus casas y guertas, y la divierten en sanjas del curso ordinario para que se detenga, de que recibe mucho daño y perjuicio el dicho dean mi parte y su casa por faltar el agua para el servicio della, y no se puede valer de la dicha Real Provisión despachada por V. A., por hablar con diferentes vecinos y ser diferente el agua y acequia.
A Vuestra Alteza pido y suplico se sirva de hacer merced a mi parte de que se le despache Provisión Real e con graves penas mandando a todas las personas que tengo referidas dexen correr libremente el agua de la acequia que pasa por sus casas, sin divertirla, ni detenerla, para que el dicho mi parte pueda gozar de ordinario en su casa de la dicha agua ..."


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JULIANA, LA ESCLAVA "LENGUA" DE LA CONQUISTA

Entre las mujeres que fueron testigos y aún más, sirvieron en la conquista de Caracas, Juliana Hernández, negra esclava, destaca.
En 1623, en una petición de registro de su solar y casa, Juana Enriquez, que se declara hija de "Juliana Hernández, morena, lengua de la conquista", alega: "... digo que la dicha mi madre ha más de quince años que poseyó, e yo poseo por ella, una casa y solar en que al presente vivo con muchos hijos que sustento, la cual dicha casa y solar en la tal posesión no ha habido jamas contradicción de persona alguna y como la dicha mi madre murió no se en que forma la tuvo y tengo, si fue por compra o por otra manera, por ser yo ignorante de mi derecho ... y por haber la dicha mi madre acudido en esta república y conquista desta provincia por lengua intérprete della, que los tales intérpretes son de mucha causa de buenos efectos en la pacificación -y esto sin premio alguno-, y después de acabada la dicha conquista así mismo sirviendo el dicho oficio con los señores gobernadores y justicias en las visitas, pasando muchos trabajos, y en esta ciudad sirviendo así mismo de partera, en la gente principal della ..." 


Al parecer, Juliana, como esclava estuvo en la retirada del asentamiento hispano de El Collado, en la costa de Caracas, cuando Lázaro Vásquez abandona en 1562 o 1563 el poblado fundado por Fajardo, por el acoso a que lo sometieron los indios tras la quema de San Francisco de Caracas: "el dicho capitán Fajardo con algunos soldados se fue a la Margarita, y el dicho Lázaro Vásquez y Fernando Martín, su amo, con esta testigo y otros soldados se fueron a la Borburata, en una piragua ...". Había aprendido la lengua de los indios de la costa de Caracas mientras el asentamiento existió, y de allí su utilidad en la próxima jornada de conquista que hizo Losada unos años después.
Obtenida su libertad quizás por estos servicios, vivió como negra libre en un pedazo de solar, que le hizo donación Martín Alonso (o Afonso, como a veces se le registra), conquistador y criado de Losada, al sur del suyo propio ubicado en Bolsa suroeste. Se menciona por primera vez el solar de Juliana Hernández en este año, en una petición de cuadra al cabildo. Su solar se ubicaba entonces en la esquina de Mercaderes noroeste, dado a ella por Martín Alonso y era al parecer medio solar. 
Por ser Juliana de las primeras pobladoras se acudía a ella para testimonios y probanzas. De la salida de Borburata en mayo de 1567 de Juan de Salas y otros soldados a socorrer a Losada en su Jornada de Caracas, declaraba: "... vio esta testigo cómo salió Lázaro Vásquez de la dicha Borburata por la mar, en piraguas, con soldados a su costa, con armas y municiones y se vino a encontrar con el dicho capitán Diego de Losada en Maiquetía ..."
Mariana de Vera, hija de Martín Alonso, en 1617 declaraba entre sus bienes: "Un pedazo de solar que a la susodicha [Mariana de Vera] se le entregó con otros bienes por indiviso, como a uno de los herederos que son y quedaron por fin y muerte de Martín Alonso y Ana de Vera ... que linda, por la parte de arriba, con solares que quedaron por fin y muerte de los dichos Martín Alonso y Ana de Vera, que yo vendí a Gaspar de Rocha, vecino; y por la parte de abajo, con medio solar del capitán Onofre Carrasquer, que antes era de Juliana, negra libre, a quien el dicho Martín Afonso se lo había dado, y la dicha Juliana negra lo vendió al dicho Gaspar de Rocha, y el dicho Gaspar de Rocha al dicho Onofre Carrasquer ..."
Hacia 1608 ya el cabildo le había dado informalmente a la negra Juliana un solar en las afueras de la ciudad, en la esquina de Coliseo noroeste, en donde vivía con su hija Juana Enriquez. Pedía en esa ocación el contador Bernabé de Oñate Mendizábal: "un solar ... linda con el que se dio a Juliana, de color morena, hacia el levante, el cual está yermo y calmo ..."
La imagen miuestra una mujer negra en un trapiche del caribe Inglés a fines del s. XIX.
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LA CAJA DE AGUA DE CARACAS

Desde los inicios de Caracas el agua de beber se tomó del río Catuche, de agua clara, que circundaba la ciudad por el norte y el este. Los otros ríos que limitaban la urbe, el Caroata y la quebrada de Leandro (o de Los Padrones) por el oeste, y el río Guaire por el sur, solo servían para lavar.
La toma de la acequia, llamada "el buco" se hacía en un punto al norte de la actual iglesia de La Pastora. Desde allí bajaba una acequia principal hasta un tanque grande, un cubo de cal y canto o argamasa, denominado la Caja de Agua, ubicado desde siempre en el lugar donde hoy se halla la esquina de su nombre, por lo que puede afirmarse sin lugar a dudas, que este es el nombre de esquina más antiguo que conserva Caracas, sin cambio.
Entre la acequia principal del buco y la caja de agua, a la salida de la ciudad al norte, por el camino de la mar, se ubicaba el molino de trigo de Francisco Sánchez de Córdoba, antiguo conquistador de Caracas que vivía en Torre noreste, diagonal a la plaza mayor. Tomaba el agua del buco para su molino; el cabildo le exigía como compensación que mantuviera limpia a su cargo la acequia principal hasta la caja de agua. Este molino, a su muerte será vendido en 1597 por su mujer Isabel de Araya -por apremios económicos- a Esteban de Marmolejo, por lo que la obligación impuesta por el cabildo de limpiar la acequia del buco a la caja de agua de la ciudad reacae en este. El molino queda finalmente en manos de Manuel Cardoso en la cuarta década del siglo XVII.
Hacia 1573, temprano en la historia de la recién fundada ciudad, se toma la decisión por mayoría de los regidores y justicias que votaron en una sesión del cabildo, de repartir dos (2) acequias por cuadra. De la caja de agua salían, pues, cinco (5) acequias que bajaban por las cinco hileras de cuadras de norte a sur en que por entonces era la ciudad de Santiago de León, divididas en dos ramales paralelos al entrar en estas cuadras.
Estas acequias de agua fresca, clara y limpia de montaña, entraban en cada solar y suministraban agua para todo, siendo suficientes inicialmente por la poca densidad poblacional en aquellas fechas. Con esta agua del Catuche se regaba la huerta de la casona y los cultivos de cebollas, pimentones, auyamas y tomates, los árboles de aguacates y guayabas, se le daba de beber a las vacas y bestias del corral, bañaba el chiquero de los cerdos y gallinas, se lavaba y cocinaba con ella y se servía en la mesa de comer.

Con el tiempo las acequias se "encañaron", esto es, se encajonaron entre pisos y paredes "de lajas y ladrillo", y se taparon a su entrada en solares y cruce de calles, haciéndolas mas saludables y menos suceptibles de transportar lodo y aislandola de animales que las contaminaban al beber de ellas.

En 15 de noviembre 1610 se afirma de Domingo Álvarez, albañil: "... el cual hizo las dichas acequias, la mayor parte de ellas y el cubo y caja, y está encañada ...". Un Manuel Álvarez en 1612 es nombrado por el cabildo "alguacil del agua y acequias", persona idónea, " ... que tenga cuidado con las acequias del agua ..."

En 1617 los prominentes Francisco de Guevara y Rojas, capitán, y Diego de Villanueva, regidor, pidieron solares al cabildo muy cerca de la caja de agua, entre Cuño y Luneta. El cabildo se los niega en esta oportunidad, temiendo que con sus edificaciones alteren el estado de la acequia de la ciudad:
"venía a caer dentro de ellos [sus solares] las cinco acequias en que se reparte el agua que viene a esta ciudad, porque del remate de ellos hasta el buco hay solamente veinte pasos, en que entra la calle real; y sí, les parece que es mucho perjuicio para ahora y para lo adelante; y que en caso que estuviese edificado, era muy conveniente desocuparlo ... se declaran los dichos solares y sitio por vaco, para ahora y para lo adelante, y en el mejor modo que puede el dicho cabildo lo declara por baldío y questé sin poderse proveer ni ocupar por el perjuicio de las dichas acequias, de que recibe tanto útil esta república ..."

A Gaspar Sánchez de Villaseñor se le otorga un solar en 1624 por la esquina de Luneta, muy cerca de las acequias de la ciudad: "... y con condición que de ninguna manera pueda tomar el agua de las acequias que viene a esta ciudad, pena de que por cada vez que abriere acequia y sacare la dicha agua pague 2 [pesos] de ocho para propios de esta ciudad y que a su costa se quite y ciegue".

En 1626 el cabildo decide hacer una nueva caja de agua y contrata la obra con Alonso González Urbano, vecino de la ciudad. Este se obliga a que: "... se haga un buco y caxa de agua por la parte de arriba desta ciudad, de cinco varas en cuadra,con hueco y macizo de la pared, y con una vara de cimientos debajo de la tierra, y otra vara encima de la superficie de la tierra. Con sus cuatro esquinas de rafería de piedra y ladrillo, cal y arena, de dos ladrillos de ancho y de tres tapias de alto. Con su corrallete cubierto y ocho (8) almenas. Y toda ella por dentro y por fuera encalado. Y dentro del gueco de ella, una pila de ladrillo que sirva de tanque, con su repartimiento de cinco acequias ajustadas y repartidas las dos (2) al sur y las tres (3) al este. Y todo el dicho tanque a la redonda de una barandilla de largo, por encima, por donde se pueda andar. Y así mismo tengo de hacer una puerta pequeña por donde se pueda entrar a la dicha caja, con su llave de loba y [cerradura] de hierro, y encañada la acequia.
Para que toda el agua entre en el dicho cubo y caxa, tengo de hacer antes que entre en ella, una pila de ladrillo de cinco (5) cuartas de ancho, con una rejilla de hierro menudo, por que no entre suciedad ni inmundicia en la dicha caxa y buco de agua. Y salidas las dichas cinco acequias fuera de la dicha caxa, las tengo de encañar y cubrir con buenas lajas arriba y abajo y a los lados con cal y arena, que salgan treinta (30) pasos del dicho buco para afuera. Todo ello a uso de buena obra y a satisfacción de oficiales que lo entiendan ..."

Una "tapia" como medida, era una vara y media castellana, de altura, alrededor de 1,25 mts., por lo que el edificio de la caja de agua donde se contenía y resguardaba el tanque de la ciudad, "de tres tapias de alto", debió erigirse por sobre casi cuatro metros de altura. Sus dimensiones, la forma almenada de su planta para resguardo de los centinelas, y los sólidos materiales de construcción, de mampostería, sugieren que esta caja de agua se la proyectó como casa fuerte o torre, quizás para defensa contra posibles sorpresas corsarias (como la del inglés Preston en 1595), situada la caja como estaba a entrada de la ciudad, en el camino a la mar.

En la imagen: Mikva o pileta ceremonial judía, similar a una hallada en una casa en Coro en 2013, la cual se anexa por tener hechura de mampostería, tal como la del tanque de la caja de agua.
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ORÍGENES DEL CONVENTO DE SAN JACINTO

El convento de San Jacinto es hoy día una leyenda, nada queda. Murieron hasta sus piedras bajo el ataque republicano anticlerical, el modernismo equívoco de algún ilustre americano y la desidia por nuestra historia urbana. 
Con sus espacios se hizo de todo en el s. XIX, desde una cárcel municipal en su claustro, donde estuvo preso Antonio Leocadio Guzmán, hasta un mercado abierto y finalmente un paseo arbolado. Su célebre plazoleta fue dedicada por Guzmán Blanco a su padre, cambiándole el nombre a Plaza El Venezolano, en recuerdo al periódico incendiario, lanza del liberalismo amarillo que Antonio Leocadio dirigió. Ya no existe más la bellísima iglesia que acompañó nuestra etapa colonial, acabada en gran parte por el terremoto de 1812 y luego por el pico y la pala, al expulsarse definitivamente a los monjes del convento que se fabricara su lado. Una "torreta" es todo lo que queda de aquel importante templo. Nada les dice esta a las nuevas generaciones que pasean a su alrededor, arbitrariamente pintada hoy al gusto impío de las modas urbanas de este siglo XXI. Al convento y templo de San Jacinto se le irrespetó oficialmente durante todo el s. XIX, y ya para el s. XX no quedaba nada. Los caraqueños de Caracas lo lloran y sienten su falta, como el amputado a su brazo.
San Jacinto fue durante todo el período colonial la iglesia más rica, el convento más reputado, el lugar donde los grandes y prominentes de Santiago de León mandaban a instruir a sus hijos, la adoración de los vecinos y gobernadores, ante la majestuosidad de sus capillas, retablos y altares. Lugar en donde se alojaba el verdadero Nazareno de Caracas, el de San Jacinto, que salía en procesión en la Semana Mayor, majestuoso, hasta que el terremoto obligó a resguardarlo en casa de vecinos, y de allí, con las guerras y extinción de las órdenes monásticas, se perdió su rastro. Dicen a veces que se halla en la iglesia de El Guapo, en Barlovento. Por sustitución se acudió al de San Pablo, que también perdió su iglesia, y fue a parar a la de Santa Teresa.

Se habían hecho intentos por fundar un convento dominico en Caracas desde 1590, o antes. Hacia 1596 llega la noticia de la canonización de San Jacinto, de la orden de Santo Domingo y con esta alegría los vecinos deciden impulsar la construcción definitiva de un templo y convento de esta orden. Desde entonces San Jacinto es parte de Caracas.

Testimonio para el rey sobre la erección del convento de San Jacinto, en 1597:

"Yo, Alonso García Pineda, escribano público de esta ciudad de Santiago de León, y de gobernación de toda esta provincia y gobernación de Venezuela en propiedad, por el Rey Nuestro Señor, doy fe y verdadero testimonio, a Su Majestad y a los señores de su muy alto Consejo de las Indias, y a sus reales Audiencias y Justicias suyas, Reinos y Señoríos y a los demás que esto vieren, como hoy martes, que se cuentan 16 días del mes de diciembre de mil y quinientos y noventa y siete años, como a las siete de la mañana poco más o menos, conforme a la declinación del sol, el reverendo padre Fray Manuel Botello, fraile de la orden del señor Santo Domingo de Predicadores, y vicario provincial que dijo ser de dicha gobernación, me llamó para que fuese a su casa y convento, que al presente tiene poblado en esta dicha ciudad, calle en medio de la casa y solar de Catalina de la Cerda, y del capitán Cristóbal de Cobos y de Martín de Gámez, sus hijos, que le tiene puesto por nombre San Jacinto, y que diese testimonio de como decía misa en el dicho convento que así tenía poblado, quieta y pacíficamente sin contradicción de persona alguna, porque le convenía y tenía necesidad de ello para informar a su Majestad y su Superior de su Orden. 
Y mediante el dicho pedimento y cumpliendo con mi oficio de tal escribano de Su Majestad, fui al dicho convento y vi por vista de ojos, decir misa al dicho reverendo padre fray Manuel Botello, en un altar bien adornado que tenía en un bohío de paja que estaba poblado junto a la calle, hacia el oriente, la cual misa dijo quieta y pacíficamente, sin contradicción de persona alguna; todo lo cual se hallaron y fueron presentes por testigos: Juan Pascual, y Pablo García de Ávila y Andrés Hernández y otras personas vecinos y estantes en esta dicha ciudad."


Hacia 1605 los religiosos de San Jacinto fray Leandro de Figueroa, vicario del convento, fray Alonso de Mendoza y fray Domingo Méndez, conventuales, dan poder al provincial de San Francisco, fray Juan Mexía para que pida ante el arzobispo de Santo Domingo: "... de ayuda y limosna para su fábrica, atento de estar este convento pobre y necesitado y haber pocos años que se fundó, y estar la tierra pobre y no poder ayudar los vecinos a toda la dicha fábrica, y conviene fabricar por estar la iglesia del dicho convento y donde está el santísimo sacramento ... cubierto de paja ..." 

La iglesia, entre 1597 y 1605 se ubicaba mas o menos centrada en medio de la cuadra, junto a la calle, como se informa está la Iglesia de bahareque y cogollo, que posteriormente se construirá en el mismo sitio de mampostería y calicanto. El otro único solar poblado en esta cuadra para esta fecha era el de Lázaro Quintero, en Traposos noreste, que en 1617 pasa a manos de Pedro Blanco Geraerdtz, y permanece en la familia mantuana de los Blanco hasta inicios del s. XIX. Hacia 1610 los solares restantes de la cuadra le serán otorgados finalmente al convento por el cabildo, por estar "vacos" y habérselos prometido.

En 14 de abril de 1610 se suscribe un nuevo "Concierto" entre Diego Alonso -carpintero y albañil- y Francisco de Carvajal sobre la capilla que hace desde 1608 Diego Alonso para Francisco de Carvajal, en San Jacinto: "... de cómo nos, Francisco de Carvajal y Diego Alonso, vecinos desta ciudad, otorgamos ... e decimos ... en que yo, el dicho Diego Alonso, he de hacer al dicho Francisco de Carvajal una capilla en el convento de San Jacinto de esta ciudad, según y como está en la escritura que sobre ello hicimos ... del año pasado de 1608, a que nos remitimos ... el dicho Diego Alonso ha comenzado a hacer la dicha capilla y tiene fechos en ella el arco de la puerta y algunas rafas y tapias ... y ahora están de acuerdo el dicho Francisco de Carvajal y Diego Alonso de que la dicha capilla se haga de bóveda, como la del capitán Diego Vásquez de Escobedo, y para lo hacer se obliga el dicho Diego Alonso de poner todos los materiales que fueren necesarios hasta hacer la dicha capilla, y que de todo punto esté acabada en perfección ... y es condición que la dicha bóveda de la dicha capilla lo ha de hacer el padre fray Baltasar, fraile del dicho convento, la cual se ha de hacer dentro de seis meses ... y si por algun acontecimiento el dicho fraile no hiciese la dicha capilla, se obliga el dicho Diego Alonso ..."

La capilla "de bóveda" mencionada de Diego Vásquez de Escobedo fue la fabricada por este en la iglesia de San Jacinto, dedicada a la advocación del Dulce Nombre de Jesús, de cuya cofradía fue fundador y devoto. Alli se hace enterrar. En 1621 declaraba el esclavo Antón sobre hechos ocurridos en 1614: "... estando y haciendo Diego Alonso, su amo, una capilla a Francisco de Carvajal en el convento de S. Jacinto ..."

En un codicilo a su testamento en 2 de abril de 1614 Martín de Gámez declara: "Ítem_ Mando se acabe la capilla que tiene comenzada en el convento del Sr. San Jacinto desta ciudad, cuya advocación sea de Nuestra Señora de la Encarnación; y venida que sea un imagen de la dicha advocación se ponga en la dicha capilla". Se hizo enterrar en ella.

En 1618 era fray Diego López vicario provincial de la Orden de Predicadores en la provincia. En junio de 1633 se registra el primer prior del convento, fray Juan Cáncer. En 1637 el prior era fray Francisco de San Juan. En 1633 Cristóbal Mexía de Ávila, dueño de la hacienda cacaotera de Chuao, lega en su testamento al convento de San Jacinto una importante suma de cuentas por cobrar por más de 6000 pesos. Se hizo enterrar en su iglesia.

El primer patrón de la célebre Cofradía del Rosario de San Jacinto de Caracas parece haber sido el contador Diego Vásquez de Escobedo -fallecido hacia 1607-, según declaración de su viuda. Martín de Zabala lo sucede en el patronazgo de la Cofradía hasta 1636, año en que fallece.


En la imagen, a falta de una propia, nave del templo de San Jacinto de Tenanitla, México.
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viernes, 7 de febrero de 2014

SAN JORGE, PATRONO CONTRA LA LANGOSTA


Cuando la plaga de langosta agostó los recientemente sembrados trigos del valle de Caracas, a fines del s. XVI, el clamor popular de los preocupados cosecheros llevó a un cabildo abierto en la plaza mayor, frente a la iglesia, para escoger un protector contra dicha plaga. por sorteo salió San Jorge, a quien prometieron los vecinos rendirle honores todos los años un día señalado, voto de la ciudad que se cumplió invariablemente en adelante hasta fines de la colonia, a pesar que ya a mediados del s. XVII el trigo y sus molinos habían dado paso en mucha medida al cultivo de la caña y las haciendas de trapiche.


La lanza arrumada a la talla no parece ser parte original de la figura, que por la posición de la mano quizás tuvo una con la punta apuntando hacia abajo, hiriendo un faltante dragón, el que va asociado generalmente a San Jorge y por supuesto, la talla no pudo  originalmente estar presa en un nicho, si la lanza excedía por su largo el breve espacio donde han encarcelado al santo.

La talla colonial se exhibe en la catedral de Caracas.
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