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domingo, 9 de febrero de 2014

EL TEMPLO DE SAN FRANCISCO

La orden de San Francisco estuvo muy activa en Indias desde el inicio de la conquista y población del continente. El mestizo capitán Francisco Fajardo llamó al valle de los toromaimas San Francisco. A la recién fundada Caracas llegó un grupo de monjes hacia 1576, encabezados por fray Francisco de Arta, con intención de fundar convento e iglesia, con aprobación del Cabildo y vecinos, y alegría general. En 1593 en una información, Bartolomé Mexía de la Canal, cura, dice: " ... que sabe este testigo y ha visto que ha tiempo de diez y siete años, poco mas o menos, que hay en esta ciudad convento del seráfico señor San Francisco ...".

Aunque el templo de San Francisco ha estado planeado y construido en la esquina de su nombre desde 1581, pocos saben que el primer convento de San Francisco se erigió originalmente en la esquina de Camejo noroeste. El célebre plano de Pimentel -que algunos datan con la misma fecha que el Informe con el que iba acompañado, que es de 1578-, fue dibujado en realidad algo posteriormente, al menos de 1580 o 1581, y allí aparece ya señalado el nombre de S. Francisco ocupando todo el espacio de la cuadra, para ubicar en algun solar de ella la iglesia y convento, que al final vino a quedar en la actual esquina de San Francisco. Por lo que debe entenderse que hacia 1581 el solar definitivo de San Francisco ya había sido asignado por el cabildo a su actual emplazamiento.


Mas, antes de dicha fecha -esto es, desde 1576 hasta 1581-, el convento desde su fundación se ubicó en la esquina de Camejo noroeste. De alguna manera este solar de Camejo les pareció inconveniente a los franciscanos, o demasiado alejado o por cualquier otra razón, y entonces se mudan al solar de San Francisco actual, que posiblemente era de Francisco de Rebolledo, quien quizás lo había recibido como dote de matrimonio de su mujer, por parte de su suegro Francisco Maldonado de Armendáriz. Francisco  de Rebolledo está  registrado que casó en 1580. 
El intercambio de solar se hizo, el suyo en San Francisco por otros tres baldíos a cambio, en la cuadra de Sociedad a Traposos, y en fechas posteriores aparece Rebolledo o su mujer, María de Armendáriz, dueños de tres solares en dicha cuadra. Así, María Maldonado de Armendáriz alegaba en 1623 ante el cabildo: "Doña María de Armendáriz, viuda de Francisco de Rebolledo, difunto, parezco ante vuesas mercedes y digo que: Al dicho mi marido se le hizo merced de tres (3) solares que tengo en la cuadra [en] que al presente están las casas de mi morada, por el sitio que dio en trueque de esto para el convento de San Francisco; y porque por mis necesidades notorias no tengo poblado ni cercado uno de los dichos tres, y está mandado se haga, pena de que se proveerán en otras personas los tales solares, ... se me prorroguen un año más ... se me confirme el dicho solar, o en caso necesario se me haga merced de nuevo ...".

La construcción del convento y templo en el nuevo sitio estuvo a cargo de Ruiz Ullán, quien casualmente vivía al norte de la esquina de Camejo, en Sociedad suroeste. Ambos solares serán comprados a Ruiz Ullán y a los franciscanos por Tomás de Ponte en 1597, quien los habita en adelante. Según la declaración de Alonso García Pineda en 1627: "... que estaba fundado [el convento] en las casas donde viven los herederos de Tomás de Ponte ...". Bartolomé de La Canal como testigo en una información promovida en 1593 para solicitar fondos reales para terminar el convento de San Francisco, respondía así una pregunta: "... a la segunda pregunta dixo: Que este testigo sabe y ha visto que, despues quel convento se mudó a la parte donde agora está, el cual mudó el comisario fray Alonso de las Casas, ...". 
En una nota al pie de página, sobre esta respuesta, Lino Gómez Canedo dice: "Esta declaración de testigo tan calificado como el párroco de la ciudad, contemporáneo del hecho que atestigua, echa por tierra la creencia -que fue tradicional- de que el convento de San Francisco había estado siempre en el lugar que hoy ocupa." Sobre el comisario general de la orden franciscana con sede en Sto. Domingo, fray Alonso de las Casas, en una información en 1581 en aquella ciudad, se le acusaba: "... del dicho comisario y del dicho vicario, por ser como son hombres que han estado y vivido en el Perú, amigos de alborotos y alborotadores ...".

El maestro alarife Antonio Ruiz Ullán fue el encargado de elaborar el plano y calcular el costo de la obra de la iglesia de San Francisco, que son los mostrados en este artículo. Nace Ruiz Ullán hacia 1549, según su testimonio en algunas informaciones. Natural de Sevilla, hijo de Juan Ruiz Ullán y Juana de Torre. Casó con Mariana de Aguilar y estuvo activo en Caracas hasta 1600, fecha de la culminación del templo. Las obras de la iglesia se retrasaron por falta de fondos y otras causas hasta que se reinician en firme hacia 1593. Hacia 1600 el templo estaba terminado según los planos de Ruiz Ullán y era para entonces la mayor iglesia de la ciudad, superior en construcción y altura a la misma iglesia mayor frente a la plaza. Su fachada presenta la particularidad de no tener campanario, sino una espadaña frontal de dos órdenes donde se dispusieron las campanas (ver plano).
Otro participante notable en la construcción del primer templo de San Francisco fue el maestro carpintero Diego Alonso Matamoros. Nace hacia 1553. Casó con Magdalena Ordóñez "hija natural que soy del capitán Juan Maldonado", quien testó en 1627. En una información en marzo de 1593 declaraba Alonso: "... este testigo ha ocho (8) años, o cerca de nueve, que vino a esta ciudad …". En 1631 da declaraciones a favor de Pedro Vélez de Guevara y declaró ser de mas de 82 años. Tuvo a su cargo el techado y enmaderado del convento de San Francisco y su retablo. Su sobrino Diego Alonso, el mozo, también carpintero, hijo de Pedro Díaz, es a veces confundido como hijo suyo.
Tomás de Ponte, como síndico del convento de San Francisco, impulsó grandemente la terminación de la iglesia según los planos de Ruiz Ullán. Su tumba se hallaba hasta 1620 ubicada "en depósito" en la capilla mayor de esa iglesia, desde donde se trasladaron sus huesos a la capilla de San Diego, en el mismo templo, cuando la terminó su hijo Pablo de Ponte, a quien se la otorgaron los frailes fraciscanos en agradecimiento por la ayuda de su padre. Tomás de Aguirre Guezala poseía una de las cuatro capillas particulares que se otorgaron del lado del Evangelio en la iglesia de San Francisco, a inicios del siglo XVII, llamada capilla de Santa Ana, donde se enterró también su mujer, María Pacheco, hija del conquistador y fundador de Guanare Juan Fernández de León. Juana Videla, fundadora del convento de monjas de la Concepción, testó en 1627 y pide: "... mi cuerpo sea sepultado en el convento del señor San Francisco, ... y mando y pido que si en algún tiempo se hiciese el convento de monjas que está tratado de hacer, mis huesos se trasladen a la iglesia de dicho convento ...". Otros prominentes vecinos también se enterraron en San Francisco. Francisco de Guevara y Rojas, en 1646, pidió en su testamento ser "sepultado en la peaña del altar de Nuestra Señora de la Cabeza, que es mi capilla ...", en el templo de San Francisco. El carpintero Francisco de Medina, en su testamento, registra: "Ítem_ Declaro que yo he tenido cuentas con el maese de campo Domingo Vásquez, y le hice una capilla en el convento de San Francisco desta ciudad, y la concertamos en quinientos pesos, que me debe, ... mas le hice dos tirantes de lazo. Y de la dicha capilla tengo obligación de entablar el coro, y echarle su barandilla dando él la madera, ... y así mismo le hice una ventana que está en la dicha capilla ...".
En 1641 el terremoto arruinó no solo el templo sino el convento donde había 40 religiosos: "... que por viejo y de altos edificios padeció mayor estrago que otro alguno, y viniéndose todo a tierra sin quedar una sola celda en que recogerse cuarenta religiosos moradores que tenía entonces, como no la tuvo en más de seis meses ..." exponía fray Francisco de la Torre Bohórquez, custodio de la provincia de Santa Cruz y Caracas en 1648 diciendo que había en esa fecha 25 religiosos viviendo en celdas mal hechas en el solar que había quedado.

En 1745 se  remodela todo  el templo, eliminándose las antiguas capillas originales que circundaban las naves laterales, y se crea así la célebre y bella Capilla de la Orden Tercera de San Francisco. En el último cuarto del s. XIX Guzmán Blanco ordena la remodelación de la antigua y venerable fachada hispana, tanto del templo como del convento, "modernizándola" al discutible estilo de su gusto. En  1882  muere el último monje franciscano rector de la Iglesia, el padre Carlos de Arrambide, quien se oponía a Guzmán Blanco, en defensa de la conservación de la fachada de la Iglesia.

LA PRIMERA VECINA DE LA ESQUINA DE LLAGUNO

LEONOR DE LA CUEVA, PRIMERA VECINA DE LA ESQUINA DE LLAGUNO 
El solar que ocuparon las célebres casas contiguas de don Felipe Llaguno y don Juan de Vegas (luego sede del Colegio Chávez), estuvo habitado desde casi la fundación de Santiago de León por una dama, Leonor de la Cueva, pobladora de Caraballeda y Santiago de León de Caracas desde antes de su fundación en 1568.
Su padre, Juan de La Cueva, estuvo en la fundación de El Tocuyo en 1545 y se establece en Borburata, donde la moza Leonor es testigo de la expedición naval de apoyo a la Jornada de Caracas de Juan de Salas, que de allí navega a Maiquetía con bastimentos y soldados para Losada y su conquista, en mayo de 1567. Declaraba Leonor sobre estos hechos en 1621, con "ochenta años, poco más o menos" de edad. Leonor se establece en el nuevo poblado costero de Caraballeda con su marido, Francisco López, a fines de 1567, huyendo de la destruida Borburata, quemada por el corsario francés Nicolao Valier. En 1575 aparece habitando ya su solar en Caracas, según manifiesta en años posteriores.
La historiadora Nieves Avellán de Tamayo, citando a Ismael Silva Montañés, dice: "Hacia el año 1573 había en Caracas un Francisco López, criador de ganado que presentó ante el escribano Andrés de Santa Cruz un hierro con el cual marcaba sus animales ..."  En 9 de julio de 1593, la ya viuda, Leonor de la Cueva pide legalizar su solar, que según dice posee desde 1575, y el cual se situaba "... a las espaldas de la casa de Simón Giraldo y casa de Antonio Rodríguez de San Martín, y sabana por espaldas del dicho mi solar". En realidad poseía toda la mitad oeste de la cuadra, los dos solares enteros de norte a sur, de Llaguno noreste a Cuartel Viejo sureste. Para la fecha de su declaración, 1593, la ciudad era tan corta y  poco poblada, que hacia el oeste de doña Leonor solo se extendía "la sabana...". Era ella pues la última vecina de la ciudad hacia el noroeste de la pequeña urbe.
Hacia 1602 Leonor de la Cueva vende el solar entero al norte del suyo de habitación: "... a Domingo González, zapatero, un solar que yo tengo en esta ciudad, que linda por la una parte, con solar de María de Zabala [E]; y por la otra, con solar de mí, la dicha Leonor de la Cueva [S]; y por los lados, calles reales que van a salir a la sabana ... [N] y [O]". La venta fue por 15 pesos de oro.
En 1614, pensando en su muerte, decide vender su solar en vida, aunque el nuevo propietario se hará cargo y posesión a su muerte. Leonor de la Cueva vende a Esteban Marmolejo, "... viuda, mujer que fuí de Francisco López, difunto, ... vendo a vos, Esteban Marmolejo, ... una casa pajiza con su solar ... que he y tengo en esta ciudad, donde al presente vivo, que linda por una parte con solar de los herederos de Juan del Castillo [E]; por la otra, con solar de Domingo González [N]; y por delante, calle real en medio, ... por 30 pesos de oro ...", pagaderos a quien ella dejare en su testamento.
Esteban de Marmolejo le vende en 1623 a su yerno, Juan Queipo de Aibar, el solar que había comprado de Leonor de la Cueva, indicando que la casa que contenía el solar era aun "de paja". Se vendió "... por 300 reales (sic) de a ocho, que son 2.400 reales de plata castellanos de a 34 mvs cada uno ...".
En la imagen, en primer plano, la casa de don Juan de Vegas, o Colegio Chávez y contigua al fondo, corriendo hacia la izquierda de la foto, la casa esquinera de Felipe Llaguno, antiguo Museo de Arte Colonial, en una foto de 1950, ambas demolidas.
Tomado de nuestro Facebook

sábado, 8 de febrero de 2014

EL PRIMER CENTRO COMERCIAL, 1635

EL PRIMER CENTRO COMERCIAL DE LA CIUDAD LO HACE MARIPEREZ EN 1635
La solterona "doncella" María Pérez era una mujer rica desde su niñez, por sus padres difuntos, quienes le habían dejado cuantiosos bienes de fortuna. Era sobrina de los hermanos María y Martín de Zabala, quienes la habían criado en su orfandad, ricos vecinos habitando la esquina de Carmelitas suroeste, donde hoy se halla el Correo de Carmelitas. Doña María Pérez Hereda los bienes y fortuna de María de Zabala, que muere al año siguiente, sin sucesión. 

En 1618 María Pérez se quejaba que su capital patrimonial heredado de sus padres difuntos -y puesto a préstamo- era casi incobrable, y caían en pleitos, "... por cuanto las personas con que los trato, y que me deben los dichos réditos, los más de ellos son regidores y deudos de regidores, personas favorecidas y de tal manera que no puedo ... ni menos cobrar lo que se me debe ..." 

María Pérez muere en el terremoto de San Bernabé de 1641. Unas tierras suyas dieron nombre al sitio caraqueño de Maripérez. José Antonio Calcaño, sin ofrecer la fuente, afirma que Maripérez para el momento de su muerte poseía "una hermosa casa frente al convento de San Jacinto ...". Es posible que se tratara de la casa de los Gámez, calle en medio al norte de San Jacinto, hipotecada a ella, quizás.
Agrega Calcaño: "El rostro de Maripérez fue conservado para la posteridad, junto con el de fray Mauro, por aquel pobre pintor de brocha gorda de aquellos tiempos, el gallego Mauricio Robes, quien, cuando no estaba dando lechada o azulín a algún muro, gustaba de ponerse a pintar cuadros, bastante feos al decir de la gente, los cuales vendía luego. Se sabe que pintó una Huída a Egipto, una Oración en el Huerto y un retablo del Martirio de San Esteban, que años mas tarde se colgó de los muros de la catedral y en cuyo fondo se veía al obispo Tovar dando la bendición con la custodia, en compañía de Maripérez."
Encargada y custodia fue Mari Pérez de las joyas y mantos de las imágenes de la Virgen del Rosario de San Jacinto y de Nuestra Sra. de la Candelaria, en la catedral. Era dueña del solar de Carmelitas sureste, calle en medio del de sus tíos los Zabala, el cual hacia 1635 permanecía "calmo y yermo". Maripérez decidió darle utilidad a este solar. En un concierto para construir tiendas en el solar de doña María Pérez, don Felipe Martínez de Villegas acuerda:
"...con María Pérez ... doncella residente en esta dicha ciudad ... que ambos están convenidos y contentados en tal manera que el dicho don Felipe Martínez se obliga de labrar y edificar a la susodicha, y en un solar que tiene, haciendo esquina con casas y solar de los herederos de Gaspar de Silva y de Pedro de Amaya Bastidas y casas de Martín de Zabala, lindes calle real en medio, quatro tiendas de veinte tercias de largo cada una, y diez y ocho de ancho, de tapia en medio; por la calle, de cuatro tapias, y por en medio, de seis de alto; y los corredores de diez y seis pies de ancho; y los pilares que fueren necesarios conforme la obra y distribución de las dichas tiendas y aposentos del corredor, que han de ser de tapias, todo de ladrillo y medio; con las rafas necesarias de ladrillo, piedra y cal, con sus sardineles de ladrillo en el corredor; para lo cual, ha de abrir los cimientos del fondo y ancho necesario, conforme la obra, a arbitrio del albañil, haciendo la tierra y poniendo la piedra, ladrillo y cal necesaria; la cual tierra se ha de hacer del mismo solar, poniendo la caña, teja y ladrillos que fuera menester y lo demás hasta cubrir la dicha obra, la cual no ha de ir encalada, ni enladrillada.
Y la dicha María Pérez ha de poner para ella la madera, clavazón, puertas y ventanas, y pagar albañil y carpintero, y cercar y dividir los patios a su costa, dando los peones necesarios para la obra de carpintería y albañilería que hubieren menester los maestros; que todo lo demás arriba declarado queda a cargo del dicho don Felipe Martínez de Villegas, el cual le hace la dicha obra por precio y quantía de 850 pesos de a 8 reales ..."

Hizo pues, al parecer, el primer centro comercial registrado de Caracas, definitivamente.

Tomado de nuestro Facebook

LA CAJA DE AGUA DE CARACAS

Desde los inicios de Caracas el agua de beber se tomó del río Catuche, de agua clara, que circundaba la ciudad por el norte y el este. Los otros ríos que limitaban la urbe, el Caroata y la quebrada de Leandro (o de Los Padrones) por el oeste, y el río Guaire por el sur, solo servían para lavar.
La toma de la acequia, llamada "el buco" se hacía en un punto al norte de la actual iglesia de La Pastora. Desde allí bajaba una acequia principal hasta un tanque grande, un cubo de cal y canto o argamasa, denominado la Caja de Agua, ubicado desde siempre en el lugar donde hoy se halla la esquina de su nombre, por lo que puede afirmarse sin lugar a dudas, que este es el nombre de esquina más antiguo que conserva Caracas, sin cambio.
Entre la acequia principal del buco y la caja de agua, a la salida de la ciudad al norte, por el camino de la mar, se ubicaba el molino de trigo de Francisco Sánchez de Córdoba, antiguo conquistador de Caracas que vivía en Torre noreste, diagonal a la plaza mayor. Tomaba el agua del buco para su molino; el cabildo le exigía como compensación que mantuviera limpia a su cargo la acequia principal hasta la caja de agua. Este molino, a su muerte será vendido en 1597 por su mujer Isabel de Araya -por apremios económicos- a Esteban de Marmolejo, por lo que la obligación impuesta por el cabildo de limpiar la acequia del buco a la caja de agua de la ciudad reacae en este. El molino queda finalmente en manos de Manuel Cardoso en la cuarta década del siglo XVII.
Hacia 1573, temprano en la historia de la recién fundada ciudad, se toma la decisión por mayoría de los regidores y justicias que votaron en una sesión del cabildo, de repartir dos (2) acequias por cuadra. De la caja de agua salían, pues, cinco (5) acequias que bajaban por las cinco hileras de cuadras de norte a sur en que por entonces era la ciudad de Santiago de León, divididas en dos ramales paralelos al entrar en estas cuadras.
Estas acequias de agua fresca, clara y limpia de montaña, entraban en cada solar y suministraban agua para todo, siendo suficientes inicialmente por la poca densidad poblacional en aquellas fechas. Con esta agua del Catuche se regaba la huerta de la casona y los cultivos de cebollas, pimentones, auyamas y tomates, los árboles de aguacates y guayabas, se le daba de beber a las vacas y bestias del corral, bañaba el chiquero de los cerdos y gallinas, se lavaba y cocinaba con ella y se servía en la mesa de comer.

Con el tiempo las acequias se "encañaron", esto es, se encajonaron entre pisos y paredes "de lajas y ladrillo", y se taparon a su entrada en solares y cruce de calles, haciéndolas mas saludables y menos suceptibles de transportar lodo y aislandola de animales que las contaminaban al beber de ellas.

En 15 de noviembre 1610 se afirma de Domingo Álvarez, albañil: "... el cual hizo las dichas acequias, la mayor parte de ellas y el cubo y caja, y está encañada ...". Un Manuel Álvarez en 1612 es nombrado por el cabildo "alguacil del agua y acequias", persona idónea, " ... que tenga cuidado con las acequias del agua ..."

En 1617 los prominentes Francisco de Guevara y Rojas, capitán, y Diego de Villanueva, regidor, pidieron solares al cabildo muy cerca de la caja de agua, entre Cuño y Luneta. El cabildo se los niega en esta oportunidad, temiendo que con sus edificaciones alteren el estado de la acequia de la ciudad:
"venía a caer dentro de ellos [sus solares] las cinco acequias en que se reparte el agua que viene a esta ciudad, porque del remate de ellos hasta el buco hay solamente veinte pasos, en que entra la calle real; y sí, les parece que es mucho perjuicio para ahora y para lo adelante; y que en caso que estuviese edificado, era muy conveniente desocuparlo ... se declaran los dichos solares y sitio por vaco, para ahora y para lo adelante, y en el mejor modo que puede el dicho cabildo lo declara por baldío y questé sin poderse proveer ni ocupar por el perjuicio de las dichas acequias, de que recibe tanto útil esta república ..."

A Gaspar Sánchez de Villaseñor se le otorga un solar en 1624 por la esquina de Luneta, muy cerca de las acequias de la ciudad: "... y con condición que de ninguna manera pueda tomar el agua de las acequias que viene a esta ciudad, pena de que por cada vez que abriere acequia y sacare la dicha agua pague 2 [pesos] de ocho para propios de esta ciudad y que a su costa se quite y ciegue".

En 1626 el cabildo decide hacer una nueva caja de agua y contrata la obra con Alonso González Urbano, vecino de la ciudad. Este se obliga a que: "... se haga un buco y caxa de agua por la parte de arriba desta ciudad, de cinco varas en cuadra,con hueco y macizo de la pared, y con una vara de cimientos debajo de la tierra, y otra vara encima de la superficie de la tierra. Con sus cuatro esquinas de rafería de piedra y ladrillo, cal y arena, de dos ladrillos de ancho y de tres tapias de alto. Con su corrallete cubierto y ocho (8) almenas. Y toda ella por dentro y por fuera encalado. Y dentro del gueco de ella, una pila de ladrillo que sirva de tanque, con su repartimiento de cinco acequias ajustadas y repartidas las dos (2) al sur y las tres (3) al este. Y todo el dicho tanque a la redonda de una barandilla de largo, por encima, por donde se pueda andar. Y así mismo tengo de hacer una puerta pequeña por donde se pueda entrar a la dicha caja, con su llave de loba y [cerradura] de hierro, y encañada la acequia.
Para que toda el agua entre en el dicho cubo y caxa, tengo de hacer antes que entre en ella, una pila de ladrillo de cinco (5) cuartas de ancho, con una rejilla de hierro menudo, por que no entre suciedad ni inmundicia en la dicha caxa y buco de agua. Y salidas las dichas cinco acequias fuera de la dicha caxa, las tengo de encañar y cubrir con buenas lajas arriba y abajo y a los lados con cal y arena, que salgan treinta (30) pasos del dicho buco para afuera. Todo ello a uso de buena obra y a satisfacción de oficiales que lo entiendan ..."

Una "tapia" como medida, era una vara y media castellana, de altura, alrededor de 1,25 mts., por lo que el edificio de la caja de agua donde se contenía y resguardaba el tanque de la ciudad, "de tres tapias de alto", debió erigirse por sobre casi cuatro metros de altura. Sus dimensiones, la forma almenada de su planta para resguardo de los centinelas, y los sólidos materiales de construcción, de mampostería, sugieren que esta caja de agua se la proyectó como casa fuerte o torre, quizás para defensa contra posibles sorpresas corsarias (como la del inglés Preston en 1595), situada la caja como estaba a entrada de la ciudad, en el camino a la mar.

En la imagen: Mikva o pileta ceremonial judía, similar a una hallada en una casa en Coro en 2013, la cual se anexa por tener hechura de mampostería, tal como la del tanque de la caja de agua.
Tomado de nuestro Facebook