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domingo, 9 de febrero de 2014

EL TEMPLO DE SAN FRANCISCO

La orden de San Francisco estuvo muy activa en Indias desde el inicio de la conquista y población del continente. El mestizo capitán Francisco Fajardo llamó al valle de los toromaimas San Francisco. A la recién fundada Caracas llegó un grupo de monjes hacia 1576, encabezados por fray Francisco de Arta, con intención de fundar convento e iglesia, con aprobación del Cabildo y vecinos, y alegría general. En 1593 en una información, Bartolomé Mexía de la Canal, cura, dice: " ... que sabe este testigo y ha visto que ha tiempo de diez y siete años, poco mas o menos, que hay en esta ciudad convento del seráfico señor San Francisco ...".

Aunque el templo de San Francisco ha estado planeado y construido en la esquina de su nombre desde 1581, pocos saben que el primer convento de San Francisco se erigió originalmente en la esquina de Camejo noroeste. El célebre plano de Pimentel -que algunos datan con la misma fecha que el Informe con el que iba acompañado, que es de 1578-, fue dibujado en realidad algo posteriormente, al menos de 1580 o 1581, y allí aparece ya señalado el nombre de S. Francisco ocupando todo el espacio de la cuadra, para ubicar en algun solar de ella la iglesia y convento, que al final vino a quedar en la actual esquina de San Francisco. Por lo que debe entenderse que hacia 1581 el solar definitivo de San Francisco ya había sido asignado por el cabildo a su actual emplazamiento.


Mas, antes de dicha fecha -esto es, desde 1576 hasta 1581-, el convento desde su fundación se ubicó en la esquina de Camejo noroeste. De alguna manera este solar de Camejo les pareció inconveniente a los franciscanos, o demasiado alejado o por cualquier otra razón, y entonces se mudan al solar de San Francisco actual, que posiblemente era de Francisco de Rebolledo, quien quizás lo había recibido como dote de matrimonio de su mujer, por parte de su suegro Francisco Maldonado de Armendáriz. Francisco  de Rebolledo está  registrado que casó en 1580. 
El intercambio de solar se hizo, el suyo en San Francisco por otros tres baldíos a cambio, en la cuadra de Sociedad a Traposos, y en fechas posteriores aparece Rebolledo o su mujer, María de Armendáriz, dueños de tres solares en dicha cuadra. Así, María Maldonado de Armendáriz alegaba en 1623 ante el cabildo: "Doña María de Armendáriz, viuda de Francisco de Rebolledo, difunto, parezco ante vuesas mercedes y digo que: Al dicho mi marido se le hizo merced de tres (3) solares que tengo en la cuadra [en] que al presente están las casas de mi morada, por el sitio que dio en trueque de esto para el convento de San Francisco; y porque por mis necesidades notorias no tengo poblado ni cercado uno de los dichos tres, y está mandado se haga, pena de que se proveerán en otras personas los tales solares, ... se me prorroguen un año más ... se me confirme el dicho solar, o en caso necesario se me haga merced de nuevo ...".

La construcción del convento y templo en el nuevo sitio estuvo a cargo de Ruiz Ullán, quien casualmente vivía al norte de la esquina de Camejo, en Sociedad suroeste. Ambos solares serán comprados a Ruiz Ullán y a los franciscanos por Tomás de Ponte en 1597, quien los habita en adelante. Según la declaración de Alonso García Pineda en 1627: "... que estaba fundado [el convento] en las casas donde viven los herederos de Tomás de Ponte ...". Bartolomé de La Canal como testigo en una información promovida en 1593 para solicitar fondos reales para terminar el convento de San Francisco, respondía así una pregunta: "... a la segunda pregunta dixo: Que este testigo sabe y ha visto que, despues quel convento se mudó a la parte donde agora está, el cual mudó el comisario fray Alonso de las Casas, ...". 
En una nota al pie de página, sobre esta respuesta, Lino Gómez Canedo dice: "Esta declaración de testigo tan calificado como el párroco de la ciudad, contemporáneo del hecho que atestigua, echa por tierra la creencia -que fue tradicional- de que el convento de San Francisco había estado siempre en el lugar que hoy ocupa." Sobre el comisario general de la orden franciscana con sede en Sto. Domingo, fray Alonso de las Casas, en una información en 1581 en aquella ciudad, se le acusaba: "... del dicho comisario y del dicho vicario, por ser como son hombres que han estado y vivido en el Perú, amigos de alborotos y alborotadores ...".

El maestro alarife Antonio Ruiz Ullán fue el encargado de elaborar el plano y calcular el costo de la obra de la iglesia de San Francisco, que son los mostrados en este artículo. Nace Ruiz Ullán hacia 1549, según su testimonio en algunas informaciones. Natural de Sevilla, hijo de Juan Ruiz Ullán y Juana de Torre. Casó con Mariana de Aguilar y estuvo activo en Caracas hasta 1600, fecha de la culminación del templo. Las obras de la iglesia se retrasaron por falta de fondos y otras causas hasta que se reinician en firme hacia 1593. Hacia 1600 el templo estaba terminado según los planos de Ruiz Ullán y era para entonces la mayor iglesia de la ciudad, superior en construcción y altura a la misma iglesia mayor frente a la plaza. Su fachada presenta la particularidad de no tener campanario, sino una espadaña frontal de dos órdenes donde se dispusieron las campanas (ver plano).
Otro participante notable en la construcción del primer templo de San Francisco fue el maestro carpintero Diego Alonso Matamoros. Nace hacia 1553. Casó con Magdalena Ordóñez "hija natural que soy del capitán Juan Maldonado", quien testó en 1627. En una información en marzo de 1593 declaraba Alonso: "... este testigo ha ocho (8) años, o cerca de nueve, que vino a esta ciudad …". En 1631 da declaraciones a favor de Pedro Vélez de Guevara y declaró ser de mas de 82 años. Tuvo a su cargo el techado y enmaderado del convento de San Francisco y su retablo. Su sobrino Diego Alonso, el mozo, también carpintero, hijo de Pedro Díaz, es a veces confundido como hijo suyo.
Tomás de Ponte, como síndico del convento de San Francisco, impulsó grandemente la terminación de la iglesia según los planos de Ruiz Ullán. Su tumba se hallaba hasta 1620 ubicada "en depósito" en la capilla mayor de esa iglesia, desde donde se trasladaron sus huesos a la capilla de San Diego, en el mismo templo, cuando la terminó su hijo Pablo de Ponte, a quien se la otorgaron los frailes fraciscanos en agradecimiento por la ayuda de su padre. Tomás de Aguirre Guezala poseía una de las cuatro capillas particulares que se otorgaron del lado del Evangelio en la iglesia de San Francisco, a inicios del siglo XVII, llamada capilla de Santa Ana, donde se enterró también su mujer, María Pacheco, hija del conquistador y fundador de Guanare Juan Fernández de León. Juana Videla, fundadora del convento de monjas de la Concepción, testó en 1627 y pide: "... mi cuerpo sea sepultado en el convento del señor San Francisco, ... y mando y pido que si en algún tiempo se hiciese el convento de monjas que está tratado de hacer, mis huesos se trasladen a la iglesia de dicho convento ...". Otros prominentes vecinos también se enterraron en San Francisco. Francisco de Guevara y Rojas, en 1646, pidió en su testamento ser "sepultado en la peaña del altar de Nuestra Señora de la Cabeza, que es mi capilla ...", en el templo de San Francisco. El carpintero Francisco de Medina, en su testamento, registra: "Ítem_ Declaro que yo he tenido cuentas con el maese de campo Domingo Vásquez, y le hice una capilla en el convento de San Francisco desta ciudad, y la concertamos en quinientos pesos, que me debe, ... mas le hice dos tirantes de lazo. Y de la dicha capilla tengo obligación de entablar el coro, y echarle su barandilla dando él la madera, ... y así mismo le hice una ventana que está en la dicha capilla ...".
En 1641 el terremoto arruinó no solo el templo sino el convento donde había 40 religiosos: "... que por viejo y de altos edificios padeció mayor estrago que otro alguno, y viniéndose todo a tierra sin quedar una sola celda en que recogerse cuarenta religiosos moradores que tenía entonces, como no la tuvo en más de seis meses ..." exponía fray Francisco de la Torre Bohórquez, custodio de la provincia de Santa Cruz y Caracas en 1648 diciendo que había en esa fecha 25 religiosos viviendo en celdas mal hechas en el solar que había quedado.

En 1745 se  remodela todo  el templo, eliminándose las antiguas capillas originales que circundaban las naves laterales, y se crea así la célebre y bella Capilla de la Orden Tercera de San Francisco. En el último cuarto del s. XIX Guzmán Blanco ordena la remodelación de la antigua y venerable fachada hispana, tanto del templo como del convento, "modernizándola" al discutible estilo de su gusto. En  1882  muere el último monje franciscano rector de la Iglesia, el padre Carlos de Arrambide, quien se oponía a Guzmán Blanco, en defensa de la conservación de la fachada de la Iglesia.

CARMELITAS SUROESTE, CASA DEL CONDE DE TOVAR

EL SOLAR DE CARMELITAS SUROESTE, CASA DEL CONDE DE TOVAR
En el célebre plano de Santiago de León de Caracas anexado al la "Información" de Pimentel al Consejo de Indias -quizás dibujado en 1581-, se registra el solar de la esquina de Carmelitas suroeste con la leyenda de "S. Mauricio", indicando la supuesta ubicación de esa ermita para la fecha. Es, al parecer, confusión del dibujante al asignarle ese solar a dicha ermita, pues la ermita de San Mauricio original, por otros datos que hemos recabado se ubicaba hacia la esquina de Llaguno sur, contiguo a la quebrada llamada luego de Leandro (o de Los Padrones), en la siguiente cuadra al oeste.
El solar de nuestro tema, Carmelitas suroeste, perteneció inicialmente a una dama de nombre Constanza de Ávila. Tuvo esta una hija natural con el conquistador y vecino Juan de Gámez, de nombre Catalina. El hecho cierto de que Pedro García de Ávila y Juan de Gámez vivieran cercanos en la misma calle, de San Jacinto a Traposos, da pie para suponer que doña Constanza de Ávila fue quizás hija de Pedro García de Ávila.
Hacia 1582 esta dama estaba casada con un Juan de Ortega, de quien tuvo una hija de nombre María de Ortega que casó con Juan de Chavarría. Viuda Constanza ese mismo año, casó al año siguiente con Pedro de Ortega, su cuñado. En 1593 se menciona su solar "sin cercar" y ese año o quizás antes era ya era fallecida.
En 1600 el solar estaba en manos de Sebastián García de Ávila, probable hermano de Constanza de Ávila. Es posible que Sebastián García de Ávila haya trocado su solar en los años siguientes con María de Zabala, viuda de un Gerónimo García, pues este será el solar que habitarán ella y su hermano Martín de Zabala en fechas posteriores y el solar previo de María Zabala en la esquina de Altagracia suroeste se registra en años sucesivos habitado a su vez por Sebastián García y sus herederos.
Carmelitas suroeste fue pues, el solar de habitación de la rica doña María de Zabala o Maria de Guido, venida de Santo Domingo con su hermano Martín de Zabala hacia 1591, mujer de mucho caudal. Declaraba en su testamento: "Casada con Gerónimo García, ... no tuvimos hijos, ni yo los tengo de herederos forzosos; ... yo llevé a poder del dicho mi marido mucha cantidad de dote, y cuando murió, no había bienes para satisfacerla [la dote] y pagarme, porque dejó muchas deudas y todas las he pagado después de su muerte ...". De su marido (quizás hijo de Pedro García de Ávila) heredó la encomienda y tierras en Torrequemada, en la serranía camino a la mar, del lado de la costa. Pidió enterrarse en San Jacinto, en la capilla de Nuestra Señora del Rosario, en la cual ella y su hermano Martín tienen reservadas sepulturas como patronos de la Cofradía del Rosario. Sobrina suya fue Mari Pérez, de cuyas tierras al noreste de la ciudad quedó el nombre en Maripérez y allí en este solar crió María de Zabala a su sobrina, Maripérez, quien era dueña del solar calle en medio al este, del cual hablamos en artículo previo. 

En 1637 don Francisco Galindo y Sayas adquiere por remate el solar y las casas de María de Zabala, según un documento de censo de 1646 en la que pone de garantía: "... Primeramente, sobre las casas de mi morada ... que hube y compré en la almoneda pública por bienes de María de Zabala; que lindan, por la parte de abajo [S], con las casas y solares del capitán Blas Correa de Benavides y sus herederos; y por la de arriba, con casas y solar de los herederos que fueron de Sancho Martínez de Urqueta [O]; y tienen por fronteras y hacen esquina con las casas del maestro de campo Domingo Vásquez de Rojas [N]; y de tiendas de María Pérez [E]; y casas del capitán Gaspar de Silva [NE], difuntos, calles reales en medio ...".
Con el tiempo -y hacia el s. XVIII- la casa y solar pasaron a manos de don Martín de Tovar y Blanco, quien es creado conde de Tobar en 1773, y construye el palacete entre 1784 y 1788, edificio que sobrevivió hasta el s. XX. Fue en su tiempo residencia del presidente don Manuel Felipe de Tovar en 1861, bisnieto del conde de Tovar, y luego sede del ministerio de Guerra y Marina. Esta casona fue derribada en 1633 y en su lugar se construyó lo que hoy conocemos como "Correo de Carmelitas".
Las imágenes corresponden una de ellas a la fachada lateral de la calle de Conde a Carmelitas, en una foto de 1930 de Luis F. Toro, y a un dibujo a plumilla de R. Oxandaberro, también de 1930 del segundo tramo de la famosa escalera del palacio del conde de Tobar, cuyos peldaños eran de una sola pieza de piedra del Ávila y su arranque del pasamanos una figura tallada, también en piedra.
Tomado de nuestro Facebook

sábado, 8 de febrero de 2014

BARTOLOMÉ DE AÑASCO, MAESTRO DE ALBAÑIL

BARTOLOMÉ DE AÑASCO (1583-1646) MAESTRO DE ALBAÑIL, ALARIFE DE LA CIUDAD
Los albañiles, carpinteros y herreros eran muy importantes en la Caracas que crecía sin pausa desde su fundación en 1568. Sus conocimientos especializados -y a la vez prácticos- los distinguía del resto de otros oficios como eran los de orfebres, espaderos, silleros, curtidores, plateros o maestros "de párvulos", pues ellos eran de alguna manera los que hacían la ciudad. Muy pocos dominaban el arte de la medición de tierras o solares, el replanteo de rectas o alturas, con estaca, cuerda y plomada, la erección de muros de tapia con esquinas de cal y ladrillo -de "rafas"- que las sostuvieran. Su labor era apreciada y respetada. 

Cuando Diego de Losada funda Santiago de León, no había albañil o alarife entre su tropa a quien encomendarle la tarea, por lo que tuvo que acudir a uno de sus capitanes, Diego de Henares, hombre instruido quien afortunadamente sabía algo de topografía y el planteo de esquinas rectas, y así, se encargó y trazó las calles y cuadras iniciales del nuevo poblado hispano, a cordel y estaca. Años después esta labor civica fundacional la alegarían los descendientes de Henares en probanzas y testimonios para obtener mercedes como servicio al rey de su antepasado.
Uno de los maestros albañiles más destacados de la primera mitad del s. XVII fue Bartolomé de Añasco, a quien el cabildo nombra con el tiempo alarife oficial de la ciudad. Natural de León, Castilla la Vieja, España, hijo de Pedro Fernández de Añasco y de Francisca Ramiro de León; en 1621 declaró 38 años de edad por lo que habría nacido alrededor de 1583. Hay un registro en escribanías de 1610 en que se obliga Alonso García Pineda con Bartolomé de Añasco, "oficial de albañil". Su actividad entre ese año y 1646, cuando muere, es incesante y muchas veces registrada en documentos. 
En 1616 Juan Rodríguez Espejo vende a Bartolomé de Añasco el solar que será en adelante su lugar de habitación: "... un solar mío, que yo he y tengo en esta ciudad, que hube de Cristóbal Gil; que linda con solar de Francisco de Rebolledo [O]; y va corriendo hasta la calle real que atraviesa por delante de Pedro Blanco [NE]; y por la parte de abajo, la sabana, por precio y contía de 20 pesos de oro fino ..."
Este solar se ubicaba en Traposos suroeste, calle en medio al sur del solar donde con el tiempo estaría la Casa Natal del Libertador. Hacía esquina con don Pedro Blanco Gerardts, para la fecha viudo y vuelto cura presbítero, prominente personaje que habitaba en Traposos noreste, en el solar que había comprado y donde con el tiempo se ubicaría el restaurat La Atarraya. 
Añasco construye allí pues, su casa, como buen albañil, y al testar dividirá su solar de este a oeste, legándole el semisolar norte a una de sus hijas y el semisolar sur a sus dos hijos varones. Como bien dice el documento de compra, al sur de su solar, en 1616, solo había "la sabana" de la ciudad...

Los solares restantes que rodeaban a Añasco, pertenecían a los herederos de Francisco Rebolledo, a quien el cabildo le había otorgado tres de cuatro solares en esa cuadra, a cambio del solar donde se construyó el templo de San Francisco. Antonio de Bolívar y Rojas, hijo de Simón de Bolívar el mozo, había casado con Leonor de Armendáriz o de Rebolledo, hija de Francisco, y hacia 1623 habitaba el solar al sur de Bartolomé de Añasco. En esta misma fecha instaba el procurador del cabildo a que se nombrase alarife publico para que "... midan los solares y quadras que se proveen en este cabildo, para que sean todas iguales, y lo mismo las calles, con lo qual cesarán los perjuicios que por esta causa resultan ..." Para esta fecha se hace Añasco, entonces, alarife oficial de la ciudad, nombrado por el cabildo.
Los albañiles tenían jerarquía, según su experiencia y sapiencia. Había el aprendiz o ayudante, el oficial, el maestro. Para ejercer su labor debían ser examinados por el cabildo. El alarife, del árabe: "el experto" era eso, un albañil reconocido oficialmente. "Los alarifes de la ciudad emitían 'pareceres' o dictámenes acerca de asuntos que les encomendaba los regidores; acompañaban a los comisarios en la 'vista de ojos' a algunas obras controvertidas, ... así como a las cañerías de agua de beber, y proponían los reparos que se habían de hacer en los edificios de la ciudad." Muchas veces su actividad y la del carpintero iban coordinadas y concertadas. 
La actividad de albañil y alarife de Añasco fue incesante. En documentos de compra venta de solares se lee: "el cual [medio solar] está medido por Bartolomé de Añasco, alarife señalado, con pabilo y piedras, y según ansí lo midió ..."  A pesar de que muchas casas aun se techaban de paja, eran hechas al estilo y uso de Castilla, con ventanas altas y ya no de bahareques como se hicieron inicialmente, sino de tapias y rafas entre ellas. Alonso Tello, en su testamento en 1635 declaraba: "Item. _ Declaro que Bartolomé de Añasco me ha hecho toda la obra de albañilería que ha sido necesaria en estas casas de mi morada, excepto el texado y la portada, a cuenta de lo cual le he dado y pagado ciento y tantos pesos como parecerá ... que se ajuste y se le pague el resto que se le debiere ..."


Bartolomé de Añasco nunca casó, sus hijos fueron todos naturales y mestizos. Tuvo un hijo en 1611, de nombre Lázaro, otro de nonbre Francisco de Añasco. Una hija Juana de Añasco casó en 1634 con Juan García, de la villa de Jimena, España. Esta debe haber fallecido antes que Bartolomé, pues no la menciona en su testamento. Su hija María de Añasco casó con Juan de Turuégano Aljofrín en 1634 y Ana Inés Ramiro casó con Andrés Rodriguez, de Jerez, España.

En 1641, para el matrimonio de su hija, Ana Inés Ramiro, con Andrés Rodríguez, natural de Jerez, España, Bartolomé de Añasco la dota así: "Primeramente, las casas de mi morada, en que al presente vivo, cubiertas de teja; todo lo que coje de latitud el solar, con la portada [S]; y de longitud hasta lindar con el solar de los menores de Francisco de Rebolledo [O]; las quales dichas casas le doy y se entiende que la dicha data es al fin de mis días, las quales le doy en cantidad de dos mil pesos de a 8 reales ..." Al mencionar "la portada" se está refiriendo no a un simple portón, sino a un portal de piedra.
Tuvo otro solar adicional en Camejo suroeste, el cual lega a sus nietas, hijas de su hija fallecida.

Tomado  de nuestro Facebook

EL PRIMER CENTRO COMERCIAL, 1635

EL PRIMER CENTRO COMERCIAL DE LA CIUDAD LO HACE MARIPEREZ EN 1635
La solterona "doncella" María Pérez era una mujer rica desde su niñez, por sus padres difuntos, quienes le habían dejado cuantiosos bienes de fortuna. Era sobrina de los hermanos María y Martín de Zabala, quienes la habían criado en su orfandad, ricos vecinos habitando la esquina de Carmelitas suroeste, donde hoy se halla el Correo de Carmelitas. Doña María Pérez Hereda los bienes y fortuna de María de Zabala, que muere al año siguiente, sin sucesión. 

En 1618 María Pérez se quejaba que su capital patrimonial heredado de sus padres difuntos -y puesto a préstamo- era casi incobrable, y caían en pleitos, "... por cuanto las personas con que los trato, y que me deben los dichos réditos, los más de ellos son regidores y deudos de regidores, personas favorecidas y de tal manera que no puedo ... ni menos cobrar lo que se me debe ..." 

María Pérez muere en el terremoto de San Bernabé de 1641. Unas tierras suyas dieron nombre al sitio caraqueño de Maripérez. José Antonio Calcaño, sin ofrecer la fuente, afirma que Maripérez para el momento de su muerte poseía "una hermosa casa frente al convento de San Jacinto ...". Es posible que se tratara de la casa de los Gámez, calle en medio al norte de San Jacinto, hipotecada a ella, quizás.
Agrega Calcaño: "El rostro de Maripérez fue conservado para la posteridad, junto con el de fray Mauro, por aquel pobre pintor de brocha gorda de aquellos tiempos, el gallego Mauricio Robes, quien, cuando no estaba dando lechada o azulín a algún muro, gustaba de ponerse a pintar cuadros, bastante feos al decir de la gente, los cuales vendía luego. Se sabe que pintó una Huída a Egipto, una Oración en el Huerto y un retablo del Martirio de San Esteban, que años mas tarde se colgó de los muros de la catedral y en cuyo fondo se veía al obispo Tovar dando la bendición con la custodia, en compañía de Maripérez."
Encargada y custodia fue Mari Pérez de las joyas y mantos de las imágenes de la Virgen del Rosario de San Jacinto y de Nuestra Sra. de la Candelaria, en la catedral. Era dueña del solar de Carmelitas sureste, calle en medio del de sus tíos los Zabala, el cual hacia 1635 permanecía "calmo y yermo". Maripérez decidió darle utilidad a este solar. En un concierto para construir tiendas en el solar de doña María Pérez, don Felipe Martínez de Villegas acuerda:
"...con María Pérez ... doncella residente en esta dicha ciudad ... que ambos están convenidos y contentados en tal manera que el dicho don Felipe Martínez se obliga de labrar y edificar a la susodicha, y en un solar que tiene, haciendo esquina con casas y solar de los herederos de Gaspar de Silva y de Pedro de Amaya Bastidas y casas de Martín de Zabala, lindes calle real en medio, quatro tiendas de veinte tercias de largo cada una, y diez y ocho de ancho, de tapia en medio; por la calle, de cuatro tapias, y por en medio, de seis de alto; y los corredores de diez y seis pies de ancho; y los pilares que fueren necesarios conforme la obra y distribución de las dichas tiendas y aposentos del corredor, que han de ser de tapias, todo de ladrillo y medio; con las rafas necesarias de ladrillo, piedra y cal, con sus sardineles de ladrillo en el corredor; para lo cual, ha de abrir los cimientos del fondo y ancho necesario, conforme la obra, a arbitrio del albañil, haciendo la tierra y poniendo la piedra, ladrillo y cal necesaria; la cual tierra se ha de hacer del mismo solar, poniendo la caña, teja y ladrillos que fuera menester y lo demás hasta cubrir la dicha obra, la cual no ha de ir encalada, ni enladrillada.
Y la dicha María Pérez ha de poner para ella la madera, clavazón, puertas y ventanas, y pagar albañil y carpintero, y cercar y dividir los patios a su costa, dando los peones necesarios para la obra de carpintería y albañilería que hubieren menester los maestros; que todo lo demás arriba declarado queda a cargo del dicho don Felipe Martínez de Villegas, el cual le hace la dicha obra por precio y quantía de 850 pesos de a 8 reales ..."

Hizo pues, al parecer, el primer centro comercial registrado de Caracas, definitivamente.

Tomado de nuestro Facebook

1640 LA REAL PROVISIÓN DE AGUA AL DEÁN DESCOTO

Real Provisión del Agua solicitada al rey en 1640, a favor del deán de la catedral de Caracas, don Bartolomé de Escoto, en la que su procurador, Bartolomé de Castro Aguiar, pedía se emitiese a favor del deán otra igual a una provisión real dada previamente a la iglesia Catedral. El esquema anexo muestra, según nuestras investigaciones, el recorrido de la acequia desde su entrada a las cuadras viniendo de la caja de agua, y los vecinos y solares por donde pasaba, para la fecha. 
Pedía el  procurador:
"... digo que Vuestra Alteza fue servido de despacharme su Real Provisión, a pedimento del dean, cabildo y prebendados de la dicha iglesia para que dexaren libremente -los vecinos anteriores con viviendas- correr la acequia del agua que pasa por sus casas, para que gozase de ella la dicha iglesia de ordinario para sus fábricas, y los capitulares sucesivos para sus casas, sin que la detuviesen, ni divertiesen, maliciosamente. 
Y es así que el dicho mi parte tiene su casa y vivienda en diferente calle, por donde corre así mismo otra acequia de agua, diferente que la contenida en la dicha Real Provisión; y los vecinos anteriores a la casa de mi parte, que son: María Cobos, Juan Sánchez Borrego, Agustín Gutiérrez de Lugo, Juan de Torres Maldonado, Luis de Ledesma, Melchor de la Riva, Domingo de Liendo y Pedro de Liendo detienen el agua de la dicha acequia en las dichas sus casas y guertas, y la divierten en sanjas del curso ordinario para que se detenga, de que recibe mucho daño y perjuicio el dicho dean mi parte y su casa por faltar el agua para el servicio della, y no se puede valer de la dicha Real Provisión despachada por V. A., por hablar con diferentes vecinos y ser diferente el agua y acequia.
A Vuestra Alteza pido y suplico se sirva de hacer merced a mi parte de que se le despache Provisión Real e con graves penas mandando a todas las personas que tengo referidas dexen correr libremente el agua de la acequia que pasa por sus casas, sin divertirla, ni detenerla, para que el dicho mi parte pueda gozar de ordinario en su casa de la dicha agua ..."


Tomado de nuestro Facebook


LA CAJA DE AGUA DE CARACAS

Desde los inicios de Caracas el agua de beber se tomó del río Catuche, de agua clara, que circundaba la ciudad por el norte y el este. Los otros ríos que limitaban la urbe, el Caroata y la quebrada de Leandro (o de Los Padrones) por el oeste, y el río Guaire por el sur, solo servían para lavar.
La toma de la acequia, llamada "el buco" se hacía en un punto al norte de la actual iglesia de La Pastora. Desde allí bajaba una acequia principal hasta un tanque grande, un cubo de cal y canto o argamasa, denominado la Caja de Agua, ubicado desde siempre en el lugar donde hoy se halla la esquina de su nombre, por lo que puede afirmarse sin lugar a dudas, que este es el nombre de esquina más antiguo que conserva Caracas, sin cambio.
Entre la acequia principal del buco y la caja de agua, a la salida de la ciudad al norte, por el camino de la mar, se ubicaba el molino de trigo de Francisco Sánchez de Córdoba, antiguo conquistador de Caracas que vivía en Torre noreste, diagonal a la plaza mayor. Tomaba el agua del buco para su molino; el cabildo le exigía como compensación que mantuviera limpia a su cargo la acequia principal hasta la caja de agua. Este molino, a su muerte será vendido en 1597 por su mujer Isabel de Araya -por apremios económicos- a Esteban de Marmolejo, por lo que la obligación impuesta por el cabildo de limpiar la acequia del buco a la caja de agua de la ciudad reacae en este. El molino queda finalmente en manos de Manuel Cardoso en la cuarta década del siglo XVII.
Hacia 1573, temprano en la historia de la recién fundada ciudad, se toma la decisión por mayoría de los regidores y justicias que votaron en una sesión del cabildo, de repartir dos (2) acequias por cuadra. De la caja de agua salían, pues, cinco (5) acequias que bajaban por las cinco hileras de cuadras de norte a sur en que por entonces era la ciudad de Santiago de León, divididas en dos ramales paralelos al entrar en estas cuadras.
Estas acequias de agua fresca, clara y limpia de montaña, entraban en cada solar y suministraban agua para todo, siendo suficientes inicialmente por la poca densidad poblacional en aquellas fechas. Con esta agua del Catuche se regaba la huerta de la casona y los cultivos de cebollas, pimentones, auyamas y tomates, los árboles de aguacates y guayabas, se le daba de beber a las vacas y bestias del corral, bañaba el chiquero de los cerdos y gallinas, se lavaba y cocinaba con ella y se servía en la mesa de comer.

Con el tiempo las acequias se "encañaron", esto es, se encajonaron entre pisos y paredes "de lajas y ladrillo", y se taparon a su entrada en solares y cruce de calles, haciéndolas mas saludables y menos suceptibles de transportar lodo y aislandola de animales que las contaminaban al beber de ellas.

En 15 de noviembre 1610 se afirma de Domingo Álvarez, albañil: "... el cual hizo las dichas acequias, la mayor parte de ellas y el cubo y caja, y está encañada ...". Un Manuel Álvarez en 1612 es nombrado por el cabildo "alguacil del agua y acequias", persona idónea, " ... que tenga cuidado con las acequias del agua ..."

En 1617 los prominentes Francisco de Guevara y Rojas, capitán, y Diego de Villanueva, regidor, pidieron solares al cabildo muy cerca de la caja de agua, entre Cuño y Luneta. El cabildo se los niega en esta oportunidad, temiendo que con sus edificaciones alteren el estado de la acequia de la ciudad:
"venía a caer dentro de ellos [sus solares] las cinco acequias en que se reparte el agua que viene a esta ciudad, porque del remate de ellos hasta el buco hay solamente veinte pasos, en que entra la calle real; y sí, les parece que es mucho perjuicio para ahora y para lo adelante; y que en caso que estuviese edificado, era muy conveniente desocuparlo ... se declaran los dichos solares y sitio por vaco, para ahora y para lo adelante, y en el mejor modo que puede el dicho cabildo lo declara por baldío y questé sin poderse proveer ni ocupar por el perjuicio de las dichas acequias, de que recibe tanto útil esta república ..."

A Gaspar Sánchez de Villaseñor se le otorga un solar en 1624 por la esquina de Luneta, muy cerca de las acequias de la ciudad: "... y con condición que de ninguna manera pueda tomar el agua de las acequias que viene a esta ciudad, pena de que por cada vez que abriere acequia y sacare la dicha agua pague 2 [pesos] de ocho para propios de esta ciudad y que a su costa se quite y ciegue".

En 1626 el cabildo decide hacer una nueva caja de agua y contrata la obra con Alonso González Urbano, vecino de la ciudad. Este se obliga a que: "... se haga un buco y caxa de agua por la parte de arriba desta ciudad, de cinco varas en cuadra,con hueco y macizo de la pared, y con una vara de cimientos debajo de la tierra, y otra vara encima de la superficie de la tierra. Con sus cuatro esquinas de rafería de piedra y ladrillo, cal y arena, de dos ladrillos de ancho y de tres tapias de alto. Con su corrallete cubierto y ocho (8) almenas. Y toda ella por dentro y por fuera encalado. Y dentro del gueco de ella, una pila de ladrillo que sirva de tanque, con su repartimiento de cinco acequias ajustadas y repartidas las dos (2) al sur y las tres (3) al este. Y todo el dicho tanque a la redonda de una barandilla de largo, por encima, por donde se pueda andar. Y así mismo tengo de hacer una puerta pequeña por donde se pueda entrar a la dicha caja, con su llave de loba y [cerradura] de hierro, y encañada la acequia.
Para que toda el agua entre en el dicho cubo y caxa, tengo de hacer antes que entre en ella, una pila de ladrillo de cinco (5) cuartas de ancho, con una rejilla de hierro menudo, por que no entre suciedad ni inmundicia en la dicha caxa y buco de agua. Y salidas las dichas cinco acequias fuera de la dicha caxa, las tengo de encañar y cubrir con buenas lajas arriba y abajo y a los lados con cal y arena, que salgan treinta (30) pasos del dicho buco para afuera. Todo ello a uso de buena obra y a satisfacción de oficiales que lo entiendan ..."

Una "tapia" como medida, era una vara y media castellana, de altura, alrededor de 1,25 mts., por lo que el edificio de la caja de agua donde se contenía y resguardaba el tanque de la ciudad, "de tres tapias de alto", debió erigirse por sobre casi cuatro metros de altura. Sus dimensiones, la forma almenada de su planta para resguardo de los centinelas, y los sólidos materiales de construcción, de mampostería, sugieren que esta caja de agua se la proyectó como casa fuerte o torre, quizás para defensa contra posibles sorpresas corsarias (como la del inglés Preston en 1595), situada la caja como estaba a entrada de la ciudad, en el camino a la mar.

En la imagen: Mikva o pileta ceremonial judía, similar a una hallada en una casa en Coro en 2013, la cual se anexa por tener hechura de mampostería, tal como la del tanque de la caja de agua.
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viernes, 7 de febrero de 2014

PLANO DEL TEATRO DE LA COMEDIA, 1801


El Teatro de la Comedia, o del Conde, fue mandado a construir entre las esquinas de Conde a Carmelitas por el gobernador don Manuel González Torres de Navarra, quien lo donó a la ciudad en 1784. Sus sucesivos arrendatarios fracasaban, a pesar de sus intenciones de llevar buenas comedias a escena, porque el público era al parecer más adicto a actos de payasadas y circerses que a digerir verdadero teatro. 

Dice Carlos Manuel Möller: "La historia nos cuenta que Humboldt asistió a una de esas funciones, y tan aburrido estaba de la mal representada comedia, que prefirió escudriñar el cielo en busca de alguna estrella de su predilección, mientras en la escena los cómicos rezaban sus papeles a la luz de malolientes candiles de aceite de coco, manteca o sebo de res. Aquellos cómicos -nos dice Depons- eran de una pésima declamación. Carecían de gracia en sus movimientos y su voz era una especie de balbuceamiento monótono, semejante al tono con el que un niño de diez años recita su lección mal estudiada..."
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LA FOTO DE LA PORTADA

Elegí esta imagen para la portada de este sitio porque muestra la plaza mayor poco antes de convertirse en Plaza Bolívar, esto es, antes de que dejara de ser plaza y se convirtiera en un parque arbolado... con nombre de plaza. 


Las plazas indohispanas jamás tuvieron árboles en su recinto, tal como puede apreciarse en el célebre zócalo de Ciudad de México, o en la Plaza de Bolívar en Bogotá. Fue a Guzmán Blanco -con sus ocurrencias modernizantes a la francesa-, a quien se le ocurrió que una plaza hispana como la de Caracas merecía parecerse a alguna de las que había visto en París, y de allí que nuestra plaza mayor no solo se convirtiera -loablemente- en Plaza Bolívar, sino que dejara de ser plaza para volverse parque... 
Durante 350 años la tradicional plaza fue testigo de mercados, juegos de cañas y toros, juras de monarcas metropolitanos, celebraciones públicas o ejecuciones reales y refugio de víctimas de los temblores que sufrió la ciudad, sirvió para todo pues, excepto que a nadie en todos esos largos años se le ocurrió desvirtuarla sembrándole árboles. Sembrar una plaza mayor de árboles, para estos castellanos criollos que tenían bien claro lo que era una plaza, les hubiera lucido como sembrar auyamas no en la huerta de sus casas, sino en la sala.

Ojalá algún día un serio urbanista restaurador devuelva a la Plaza Bolívar su amplitud y calidad de plaza abierta, foro de vecinos y centro social civil, como lo fue por 350 años, y se extirpe de ella esa manía de encorralar a la gente en un asterisco de caminerías entre árboles afrancesados. 
Si, es una idea osada, pero es devolver a la Plaza Bolívar su condición de plaza.
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