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domingo, 9 de febrero de 2014

CARMELITAS SUROESTE, CASA DEL CONDE DE TOVAR

EL SOLAR DE CARMELITAS SUROESTE, CASA DEL CONDE DE TOVAR
En el célebre plano de Santiago de León de Caracas anexado al la "Información" de Pimentel al Consejo de Indias -quizás dibujado en 1581-, se registra el solar de la esquina de Carmelitas suroeste con la leyenda de "S. Mauricio", indicando la supuesta ubicación de esa ermita para la fecha. Es, al parecer, confusión del dibujante al asignarle ese solar a dicha ermita, pues la ermita de San Mauricio original, por otros datos que hemos recabado se ubicaba hacia la esquina de Llaguno sur, contiguo a la quebrada llamada luego de Leandro (o de Los Padrones), en la siguiente cuadra al oeste.
El solar de nuestro tema, Carmelitas suroeste, perteneció inicialmente a una dama de nombre Constanza de Ávila. Tuvo esta una hija natural con el conquistador y vecino Juan de Gámez, de nombre Catalina. El hecho cierto de que Pedro García de Ávila y Juan de Gámez vivieran cercanos en la misma calle, de San Jacinto a Traposos, da pie para suponer que doña Constanza de Ávila fue quizás hija de Pedro García de Ávila.
Hacia 1582 esta dama estaba casada con un Juan de Ortega, de quien tuvo una hija de nombre María de Ortega que casó con Juan de Chavarría. Viuda Constanza ese mismo año, casó al año siguiente con Pedro de Ortega, su cuñado. En 1593 se menciona su solar "sin cercar" y ese año o quizás antes era ya era fallecida.
En 1600 el solar estaba en manos de Sebastián García de Ávila, probable hermano de Constanza de Ávila. Es posible que Sebastián García de Ávila haya trocado su solar en los años siguientes con María de Zabala, viuda de un Gerónimo García, pues este será el solar que habitarán ella y su hermano Martín de Zabala en fechas posteriores y el solar previo de María Zabala en la esquina de Altagracia suroeste se registra en años sucesivos habitado a su vez por Sebastián García y sus herederos.
Carmelitas suroeste fue pues, el solar de habitación de la rica doña María de Zabala o Maria de Guido, venida de Santo Domingo con su hermano Martín de Zabala hacia 1591, mujer de mucho caudal. Declaraba en su testamento: "Casada con Gerónimo García, ... no tuvimos hijos, ni yo los tengo de herederos forzosos; ... yo llevé a poder del dicho mi marido mucha cantidad de dote, y cuando murió, no había bienes para satisfacerla [la dote] y pagarme, porque dejó muchas deudas y todas las he pagado después de su muerte ...". De su marido (quizás hijo de Pedro García de Ávila) heredó la encomienda y tierras en Torrequemada, en la serranía camino a la mar, del lado de la costa. Pidió enterrarse en San Jacinto, en la capilla de Nuestra Señora del Rosario, en la cual ella y su hermano Martín tienen reservadas sepulturas como patronos de la Cofradía del Rosario. Sobrina suya fue Mari Pérez, de cuyas tierras al noreste de la ciudad quedó el nombre en Maripérez y allí en este solar crió María de Zabala a su sobrina, Maripérez, quien era dueña del solar calle en medio al este, del cual hablamos en artículo previo. 

En 1637 don Francisco Galindo y Sayas adquiere por remate el solar y las casas de María de Zabala, según un documento de censo de 1646 en la que pone de garantía: "... Primeramente, sobre las casas de mi morada ... que hube y compré en la almoneda pública por bienes de María de Zabala; que lindan, por la parte de abajo [S], con las casas y solares del capitán Blas Correa de Benavides y sus herederos; y por la de arriba, con casas y solar de los herederos que fueron de Sancho Martínez de Urqueta [O]; y tienen por fronteras y hacen esquina con las casas del maestro de campo Domingo Vásquez de Rojas [N]; y de tiendas de María Pérez [E]; y casas del capitán Gaspar de Silva [NE], difuntos, calles reales en medio ...".
Con el tiempo -y hacia el s. XVIII- la casa y solar pasaron a manos de don Martín de Tovar y Blanco, quien es creado conde de Tobar en 1773, y construye el palacete entre 1784 y 1788, edificio que sobrevivió hasta el s. XX. Fue en su tiempo residencia del presidente don Manuel Felipe de Tovar en 1861, bisnieto del conde de Tovar, y luego sede del ministerio de Guerra y Marina. Esta casona fue derribada en 1633 y en su lugar se construyó lo que hoy conocemos como "Correo de Carmelitas".
Las imágenes corresponden una de ellas a la fachada lateral de la calle de Conde a Carmelitas, en una foto de 1930 de Luis F. Toro, y a un dibujo a plumilla de R. Oxandaberro, también de 1930 del segundo tramo de la famosa escalera del palacio del conde de Tobar, cuyos peldaños eran de una sola pieza de piedra del Ávila y su arranque del pasamanos una figura tallada, también en piedra.
Tomado de nuestro Facebook

LA PRIMERA VECINA DE LA ESQUINA DE LLAGUNO

LEONOR DE LA CUEVA, PRIMERA VECINA DE LA ESQUINA DE LLAGUNO 
El solar que ocuparon las célebres casas contiguas de don Felipe Llaguno y don Juan de Vegas (luego sede del Colegio Chávez), estuvo habitado desde casi la fundación de Santiago de León por una dama, Leonor de la Cueva, pobladora de Caraballeda y Santiago de León de Caracas desde antes de su fundación en 1568.
Su padre, Juan de La Cueva, estuvo en la fundación de El Tocuyo en 1545 y se establece en Borburata, donde la moza Leonor es testigo de la expedición naval de apoyo a la Jornada de Caracas de Juan de Salas, que de allí navega a Maiquetía con bastimentos y soldados para Losada y su conquista, en mayo de 1567. Declaraba Leonor sobre estos hechos en 1621, con "ochenta años, poco más o menos" de edad. Leonor se establece en el nuevo poblado costero de Caraballeda con su marido, Francisco López, a fines de 1567, huyendo de la destruida Borburata, quemada por el corsario francés Nicolao Valier. En 1575 aparece habitando ya su solar en Caracas, según manifiesta en años posteriores.
La historiadora Nieves Avellán de Tamayo, citando a Ismael Silva Montañés, dice: "Hacia el año 1573 había en Caracas un Francisco López, criador de ganado que presentó ante el escribano Andrés de Santa Cruz un hierro con el cual marcaba sus animales ..."  En 9 de julio de 1593, la ya viuda, Leonor de la Cueva pide legalizar su solar, que según dice posee desde 1575, y el cual se situaba "... a las espaldas de la casa de Simón Giraldo y casa de Antonio Rodríguez de San Martín, y sabana por espaldas del dicho mi solar". En realidad poseía toda la mitad oeste de la cuadra, los dos solares enteros de norte a sur, de Llaguno noreste a Cuartel Viejo sureste. Para la fecha de su declaración, 1593, la ciudad era tan corta y  poco poblada, que hacia el oeste de doña Leonor solo se extendía "la sabana...". Era ella pues la última vecina de la ciudad hacia el noroeste de la pequeña urbe.
Hacia 1602 Leonor de la Cueva vende el solar entero al norte del suyo de habitación: "... a Domingo González, zapatero, un solar que yo tengo en esta ciudad, que linda por la una parte, con solar de María de Zabala [E]; y por la otra, con solar de mí, la dicha Leonor de la Cueva [S]; y por los lados, calles reales que van a salir a la sabana ... [N] y [O]". La venta fue por 15 pesos de oro.
En 1614, pensando en su muerte, decide vender su solar en vida, aunque el nuevo propietario se hará cargo y posesión a su muerte. Leonor de la Cueva vende a Esteban Marmolejo, "... viuda, mujer que fuí de Francisco López, difunto, ... vendo a vos, Esteban Marmolejo, ... una casa pajiza con su solar ... que he y tengo en esta ciudad, donde al presente vivo, que linda por una parte con solar de los herederos de Juan del Castillo [E]; por la otra, con solar de Domingo González [N]; y por delante, calle real en medio, ... por 30 pesos de oro ...", pagaderos a quien ella dejare en su testamento.
Esteban de Marmolejo le vende en 1623 a su yerno, Juan Queipo de Aibar, el solar que había comprado de Leonor de la Cueva, indicando que la casa que contenía el solar era aun "de paja". Se vendió "... por 300 reales (sic) de a ocho, que son 2.400 reales de plata castellanos de a 34 mvs cada uno ...".
En la imagen, en primer plano, la casa de don Juan de Vegas, o Colegio Chávez y contigua al fondo, corriendo hacia la izquierda de la foto, la casa esquinera de Felipe Llaguno, antiguo Museo de Arte Colonial, en una foto de 1950, ambas demolidas.
Tomado de nuestro Facebook

sábado, 8 de febrero de 2014

EL PRIMER CENTRO COMERCIAL, 1635

EL PRIMER CENTRO COMERCIAL DE LA CIUDAD LO HACE MARIPEREZ EN 1635
La solterona "doncella" María Pérez era una mujer rica desde su niñez, por sus padres difuntos, quienes le habían dejado cuantiosos bienes de fortuna. Era sobrina de los hermanos María y Martín de Zabala, quienes la habían criado en su orfandad, ricos vecinos habitando la esquina de Carmelitas suroeste, donde hoy se halla el Correo de Carmelitas. Doña María Pérez Hereda los bienes y fortuna de María de Zabala, que muere al año siguiente, sin sucesión. 

En 1618 María Pérez se quejaba que su capital patrimonial heredado de sus padres difuntos -y puesto a préstamo- era casi incobrable, y caían en pleitos, "... por cuanto las personas con que los trato, y que me deben los dichos réditos, los más de ellos son regidores y deudos de regidores, personas favorecidas y de tal manera que no puedo ... ni menos cobrar lo que se me debe ..." 

María Pérez muere en el terremoto de San Bernabé de 1641. Unas tierras suyas dieron nombre al sitio caraqueño de Maripérez. José Antonio Calcaño, sin ofrecer la fuente, afirma que Maripérez para el momento de su muerte poseía "una hermosa casa frente al convento de San Jacinto ...". Es posible que se tratara de la casa de los Gámez, calle en medio al norte de San Jacinto, hipotecada a ella, quizás.
Agrega Calcaño: "El rostro de Maripérez fue conservado para la posteridad, junto con el de fray Mauro, por aquel pobre pintor de brocha gorda de aquellos tiempos, el gallego Mauricio Robes, quien, cuando no estaba dando lechada o azulín a algún muro, gustaba de ponerse a pintar cuadros, bastante feos al decir de la gente, los cuales vendía luego. Se sabe que pintó una Huída a Egipto, una Oración en el Huerto y un retablo del Martirio de San Esteban, que años mas tarde se colgó de los muros de la catedral y en cuyo fondo se veía al obispo Tovar dando la bendición con la custodia, en compañía de Maripérez."
Encargada y custodia fue Mari Pérez de las joyas y mantos de las imágenes de la Virgen del Rosario de San Jacinto y de Nuestra Sra. de la Candelaria, en la catedral. Era dueña del solar de Carmelitas sureste, calle en medio del de sus tíos los Zabala, el cual hacia 1635 permanecía "calmo y yermo". Maripérez decidió darle utilidad a este solar. En un concierto para construir tiendas en el solar de doña María Pérez, don Felipe Martínez de Villegas acuerda:
"...con María Pérez ... doncella residente en esta dicha ciudad ... que ambos están convenidos y contentados en tal manera que el dicho don Felipe Martínez se obliga de labrar y edificar a la susodicha, y en un solar que tiene, haciendo esquina con casas y solar de los herederos de Gaspar de Silva y de Pedro de Amaya Bastidas y casas de Martín de Zabala, lindes calle real en medio, quatro tiendas de veinte tercias de largo cada una, y diez y ocho de ancho, de tapia en medio; por la calle, de cuatro tapias, y por en medio, de seis de alto; y los corredores de diez y seis pies de ancho; y los pilares que fueren necesarios conforme la obra y distribución de las dichas tiendas y aposentos del corredor, que han de ser de tapias, todo de ladrillo y medio; con las rafas necesarias de ladrillo, piedra y cal, con sus sardineles de ladrillo en el corredor; para lo cual, ha de abrir los cimientos del fondo y ancho necesario, conforme la obra, a arbitrio del albañil, haciendo la tierra y poniendo la piedra, ladrillo y cal necesaria; la cual tierra se ha de hacer del mismo solar, poniendo la caña, teja y ladrillos que fuera menester y lo demás hasta cubrir la dicha obra, la cual no ha de ir encalada, ni enladrillada.
Y la dicha María Pérez ha de poner para ella la madera, clavazón, puertas y ventanas, y pagar albañil y carpintero, y cercar y dividir los patios a su costa, dando los peones necesarios para la obra de carpintería y albañilería que hubieren menester los maestros; que todo lo demás arriba declarado queda a cargo del dicho don Felipe Martínez de Villegas, el cual le hace la dicha obra por precio y quantía de 850 pesos de a 8 reales ..."

Hizo pues, al parecer, el primer centro comercial registrado de Caracas, definitivamente.

Tomado de nuestro Facebook

ORÍGENES DEL CONVENTO DE SAN JACINTO

El convento de San Jacinto es hoy día una leyenda, nada queda. Murieron hasta sus piedras bajo el ataque republicano anticlerical, el modernismo equívoco de algún ilustre americano y la desidia por nuestra historia urbana. 
Con sus espacios se hizo de todo en el s. XIX, desde una cárcel municipal en su claustro, donde estuvo preso Antonio Leocadio Guzmán, hasta un mercado abierto y finalmente un paseo arbolado. Su célebre plazoleta fue dedicada por Guzmán Blanco a su padre, cambiándole el nombre a Plaza El Venezolano, en recuerdo al periódico incendiario, lanza del liberalismo amarillo que Antonio Leocadio dirigió. Ya no existe más la bellísima iglesia que acompañó nuestra etapa colonial, acabada en gran parte por el terremoto de 1812 y luego por el pico y la pala, al expulsarse definitivamente a los monjes del convento que se fabricara su lado. Una "torreta" es todo lo que queda de aquel importante templo. Nada les dice esta a las nuevas generaciones que pasean a su alrededor, arbitrariamente pintada hoy al gusto impío de las modas urbanas de este siglo XXI. Al convento y templo de San Jacinto se le irrespetó oficialmente durante todo el s. XIX, y ya para el s. XX no quedaba nada. Los caraqueños de Caracas lo lloran y sienten su falta, como el amputado a su brazo.
San Jacinto fue durante todo el período colonial la iglesia más rica, el convento más reputado, el lugar donde los grandes y prominentes de Santiago de León mandaban a instruir a sus hijos, la adoración de los vecinos y gobernadores, ante la majestuosidad de sus capillas, retablos y altares. Lugar en donde se alojaba el verdadero Nazareno de Caracas, el de San Jacinto, que salía en procesión en la Semana Mayor, majestuoso, hasta que el terremoto obligó a resguardarlo en casa de vecinos, y de allí, con las guerras y extinción de las órdenes monásticas, se perdió su rastro. Dicen a veces que se halla en la iglesia de El Guapo, en Barlovento. Por sustitución se acudió al de San Pablo, que también perdió su iglesia, y fue a parar a la de Santa Teresa.

Se habían hecho intentos por fundar un convento dominico en Caracas desde 1590, o antes. Hacia 1596 llega la noticia de la canonización de San Jacinto, de la orden de Santo Domingo y con esta alegría los vecinos deciden impulsar la construcción definitiva de un templo y convento de esta orden. Desde entonces San Jacinto es parte de Caracas.

Testimonio para el rey sobre la erección del convento de San Jacinto, en 1597:

"Yo, Alonso García Pineda, escribano público de esta ciudad de Santiago de León, y de gobernación de toda esta provincia y gobernación de Venezuela en propiedad, por el Rey Nuestro Señor, doy fe y verdadero testimonio, a Su Majestad y a los señores de su muy alto Consejo de las Indias, y a sus reales Audiencias y Justicias suyas, Reinos y Señoríos y a los demás que esto vieren, como hoy martes, que se cuentan 16 días del mes de diciembre de mil y quinientos y noventa y siete años, como a las siete de la mañana poco más o menos, conforme a la declinación del sol, el reverendo padre Fray Manuel Botello, fraile de la orden del señor Santo Domingo de Predicadores, y vicario provincial que dijo ser de dicha gobernación, me llamó para que fuese a su casa y convento, que al presente tiene poblado en esta dicha ciudad, calle en medio de la casa y solar de Catalina de la Cerda, y del capitán Cristóbal de Cobos y de Martín de Gámez, sus hijos, que le tiene puesto por nombre San Jacinto, y que diese testimonio de como decía misa en el dicho convento que así tenía poblado, quieta y pacíficamente sin contradicción de persona alguna, porque le convenía y tenía necesidad de ello para informar a su Majestad y su Superior de su Orden. 
Y mediante el dicho pedimento y cumpliendo con mi oficio de tal escribano de Su Majestad, fui al dicho convento y vi por vista de ojos, decir misa al dicho reverendo padre fray Manuel Botello, en un altar bien adornado que tenía en un bohío de paja que estaba poblado junto a la calle, hacia el oriente, la cual misa dijo quieta y pacíficamente, sin contradicción de persona alguna; todo lo cual se hallaron y fueron presentes por testigos: Juan Pascual, y Pablo García de Ávila y Andrés Hernández y otras personas vecinos y estantes en esta dicha ciudad."


Hacia 1605 los religiosos de San Jacinto fray Leandro de Figueroa, vicario del convento, fray Alonso de Mendoza y fray Domingo Méndez, conventuales, dan poder al provincial de San Francisco, fray Juan Mexía para que pida ante el arzobispo de Santo Domingo: "... de ayuda y limosna para su fábrica, atento de estar este convento pobre y necesitado y haber pocos años que se fundó, y estar la tierra pobre y no poder ayudar los vecinos a toda la dicha fábrica, y conviene fabricar por estar la iglesia del dicho convento y donde está el santísimo sacramento ... cubierto de paja ..." 

La iglesia, entre 1597 y 1605 se ubicaba mas o menos centrada en medio de la cuadra, junto a la calle, como se informa está la Iglesia de bahareque y cogollo, que posteriormente se construirá en el mismo sitio de mampostería y calicanto. El otro único solar poblado en esta cuadra para esta fecha era el de Lázaro Quintero, en Traposos noreste, que en 1617 pasa a manos de Pedro Blanco Geraerdtz, y permanece en la familia mantuana de los Blanco hasta inicios del s. XIX. Hacia 1610 los solares restantes de la cuadra le serán otorgados finalmente al convento por el cabildo, por estar "vacos" y habérselos prometido.

En 14 de abril de 1610 se suscribe un nuevo "Concierto" entre Diego Alonso -carpintero y albañil- y Francisco de Carvajal sobre la capilla que hace desde 1608 Diego Alonso para Francisco de Carvajal, en San Jacinto: "... de cómo nos, Francisco de Carvajal y Diego Alonso, vecinos desta ciudad, otorgamos ... e decimos ... en que yo, el dicho Diego Alonso, he de hacer al dicho Francisco de Carvajal una capilla en el convento de San Jacinto de esta ciudad, según y como está en la escritura que sobre ello hicimos ... del año pasado de 1608, a que nos remitimos ... el dicho Diego Alonso ha comenzado a hacer la dicha capilla y tiene fechos en ella el arco de la puerta y algunas rafas y tapias ... y ahora están de acuerdo el dicho Francisco de Carvajal y Diego Alonso de que la dicha capilla se haga de bóveda, como la del capitán Diego Vásquez de Escobedo, y para lo hacer se obliga el dicho Diego Alonso de poner todos los materiales que fueren necesarios hasta hacer la dicha capilla, y que de todo punto esté acabada en perfección ... y es condición que la dicha bóveda de la dicha capilla lo ha de hacer el padre fray Baltasar, fraile del dicho convento, la cual se ha de hacer dentro de seis meses ... y si por algun acontecimiento el dicho fraile no hiciese la dicha capilla, se obliga el dicho Diego Alonso ..."

La capilla "de bóveda" mencionada de Diego Vásquez de Escobedo fue la fabricada por este en la iglesia de San Jacinto, dedicada a la advocación del Dulce Nombre de Jesús, de cuya cofradía fue fundador y devoto. Alli se hace enterrar. En 1621 declaraba el esclavo Antón sobre hechos ocurridos en 1614: "... estando y haciendo Diego Alonso, su amo, una capilla a Francisco de Carvajal en el convento de S. Jacinto ..."

En un codicilo a su testamento en 2 de abril de 1614 Martín de Gámez declara: "Ítem_ Mando se acabe la capilla que tiene comenzada en el convento del Sr. San Jacinto desta ciudad, cuya advocación sea de Nuestra Señora de la Encarnación; y venida que sea un imagen de la dicha advocación se ponga en la dicha capilla". Se hizo enterrar en ella.

En 1618 era fray Diego López vicario provincial de la Orden de Predicadores en la provincia. En junio de 1633 se registra el primer prior del convento, fray Juan Cáncer. En 1637 el prior era fray Francisco de San Juan. En 1633 Cristóbal Mexía de Ávila, dueño de la hacienda cacaotera de Chuao, lega en su testamento al convento de San Jacinto una importante suma de cuentas por cobrar por más de 6000 pesos. Se hizo enterrar en su iglesia.

El primer patrón de la célebre Cofradía del Rosario de San Jacinto de Caracas parece haber sido el contador Diego Vásquez de Escobedo -fallecido hacia 1607-, según declaración de su viuda. Martín de Zabala lo sucede en el patronazgo de la Cofradía hasta 1636, año en que fallece.


En la imagen, a falta de una propia, nave del templo de San Jacinto de Tenanitla, México.
Tomado de nuestro Facebook